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jueves, 30 de enero de 2014

LA FIESTA DE LA VACA DE SAN PABLO DE LOS MONTES

La comarca de los Montes de Toledo es muy rica en lo que a tradiciones y folklore se refiere. Sus pueblos conservan fiestas dignas de estudio que con el paso del tiempo han perdurado manteniendo la esencia de siglos pasados. Pero si hay una fiesta que represente a todas ellas por su antigüedad e importancia, esa es la Fiesta de la Vaca de San Pablo de los Montes, que se celebra en esta localidad toledana cada 25 de enero, en honor a la Conversión de San Pablo Apóstol, su Patrón.

Como toda mascarada de invierno, la Fiesta de la Vaca reúne una serie de peculiaridades que ya hemos visto repetidas en otras que tienen lugar en esta época del ciclo festivo. De orígenes inciertos, esta fiesta está protagonizada por unos personajes que la dan sentido y forma, todos ellos haciendo alusión al entorno pastoril y ganadero en que se encuentra enclavado este precioso pueblo. También contamos con la presencia de la vaca, la protagonista de la fiesta, y que hace referencia al antiguo culto que se daba a este animal, sagrado para muchas culturas, y a la “vitula” de las Kalendae romanas. La “inversión de géneros” también presente, aparece representada en el personaje de la “Madre Cochina”, que al igual que en otras de estas mascaradas aporta el toque de humor y de burla (la vimos en la fiesta de la vaquilla de Fresnedillas de la Oliva con el nombre de “guarrona”, y en Santa Ana de Pusa donde se denomina “hilandera”). El “escobones” podría representar el que aleja el mal de la comunidad, pues con las escobas que lleva colgadas a la espalda “barrería”, eliminaría, el rastro que deja el forastero que podría venir cargado de aspectos negativos y de malos augurios. Los demás quintos harían referencia al resto de la manada que acompaña a la vaca. Otros participantes pasivos de la fiesta serían los forasteros, quienes tienen que aceptar de buena gana ser “corridos” por la vaca. Es el “peaje” que deben pagar los no nacidos o que no residan en San Pablo, para ese día integrarse en la comunidad y participar de la fiesta. En referencia a este hecho, siempre he escuchado contar a mi abuela con mucha gracia que una amiga suya se echó novio forastero, de un pueblo cercano, y que un día de la fiesta los quintos quisieron “correrle” y se negó. Ni corto ni perezoso se dirigió a las autoridades a exponer su protesta, a lo que le contestaron que o se dejaba “correr” por la vaca o estaban en su pleno derecho de echarle del pueblo. Vemos por tanto como se cumple uno de los objetivos de este tipo de fiestas que según Caro Baroja era propiciar el orden dentro de la comunidad para el resto del año, a través de una serie de papeles o roles que protagonizan los de dentro y los de fuera. Además esta fiesta supone (o supuso diríamos ahora) un importante rito de paso; el momento en que los jóvenes pasaban a formar parte del grupo adulto de la población. Eran los quintos quienes protagonizaban la fiesta y quienes encarnaban los papeles de la “ronda de la Vaca”. Tras haber cumplido el servicio militar, cuando volvían licenciados, los mozos participaban en la celebración. Así, el que le había tocado el destino más lejano, era el que tenía el privilegio de ser el vaquero y portar la vaca. El que le seguía en lejanía representaba el papel de “Madre Cochina”, otro el de “escobones”, y los demás representaban al resto de la manada. En la actualidad, desaparecido el servicio militar los quintos siguen siendo los protagonistas, manteniendo esta tradición de siglos. Veremos ahora al detalle las características y vestimentas de cada uno de los integrantes de la fiesta:

La Vaca: la porta el vaquero, que viste traje corto con chaleco y chaquetilla, zahones, botas camperas y sombrero de ala ancha. La vaca se compone de un palo decorado con cintas de colores trenzadas entre sí, y rematado con  una cornamenta de vaca adornada con flores de tela, cintas y espejos. En la parte posterior lleva cintas de muchos colores, algunas con cascabeles, y una cola de pelo de animal simulando la cola de la vaca.

La Madre Cochina: se trata de un mozo disfrazado de mujer (reminiscencia de las fiestas romanas en honor al dios Jano). Viste refajo negro bordado con motivos florales, delantal, blusa y toquilla de lana. Debajo del refajo lleva varias enaguas con los picos decorados, con los que bromea con las mujeres mostrándoselos. El joven va maquillado y lleva peluca y pendientes. Porta dos palillos que lanza a los pies de las féminas para que éstas salten y poderlas ver los picos. Con el paso del tiempo y los avances en el modo de vestir de la mujer, esta tradición ha tenido que adaptarse a las nuevas modas, y ahora en lugar de los picos, las mujeres enseñan alguna parte de su ropa interior.

El escobones: mozo vestido al modo de los pastores de antaño, con pantalón de pana, camisa, delanteras, leguis y albarcas. Porta a la espalda el típico morral usado por los pastores, del que cuelgan escobas o escobones de donde recibe su nombre. Lleva la cara tiznada, lo que le confiere un aspecto harapiento, y sobre su cabeza un sombrero o gorra.

El resto de quintos que componen la “ronda de la vaca”: antiguamente vestirían ropa usada. En la actualidad llevan un pantalón, por lo general vaquero, una camisa blanca, y un pañuelo que suele ser rojo anudado al cuello. Portan grandes cencerros unidos por una correa, que hacen sonar durante los días que dura la celebración.

Dentro de esta fiesta encontramos gran cantidad de ritos. Todo comienza días después de la Navidad, antes de la festividad de San Sebastián, santo muy venerado en San Pablo de los Montes por haber librado al pueblo de la peste y que en otro tiempo tuvo ermita propia. Los quintos, acuden al ayuntamiento a “pedir la vaca” a las autoridades, esto es, a pedir permiso para comenzar con los preparativos de la fiesta.

El 19 de enero, víspera de San Sebastián, tiene lugar la “reseña”. Los quintos haciendo sonar sus cencerros anuncian la proximidad de la fiesta participando en la luminaria de San Sebastián que enciende su Cofradía en un lugar previamente acordado. Los mozos saltan la lumbre, siendo éste un importante rito purificador en torno al fuego cuyo objetivo es ahuyentar los malos espíritus. El saltar y ahumarse es símbolo también de protección para la persona que pasa sobre las llamas.

El 24 de enero, víspera de la Conversión de San Pablo, los quintos marchan a un lugar conocido como “la Dehesa”, subidos en un gran remolque, para buscar la leña con la que por la noche encenderán la luminaria. Vuelven todos subidos sobre las ramas y las depositan en las cercanías del “pilar”, conocida fuente del pueblo, donde será encendida entrada la noche. De nuevo repetirán el rito de la víspera de San Sebastián, saltando sobre las brasas y haciendo sonar los cencerros. Durante esta noche, la “ronda de la vaca” recorrerá las calles de San Pablo anunciando la fiesta.

El 25 de enero es el día grande, pues se celebra la fiesta de San Pablo Apóstol, y es el momento en que la “ronda de la vaca” adquiere el máximo protagonismo. En este día participan también los niños que desde pequeños aprenden a cuidar la tradición, y los mayores que hace cincuenta años fueron quintos y protagonizaron la fiesta. Cerca de las doce del mediodía tras haber recogido a cada uno de los miembros de la “ronda de la vaca”, esta se dirige a la plaza a esperar la salida de la procesión. Aquí comienza uno de los ritos más significativos, cargado de un gran simbolismo. Primero sale la imagen de San Sebastián, portada por sus cofrades y que va engalanada con una rama de pino o madroño de la que cuelgan gran cantidad de cintas de colores, rosquillas y mandarinas. Le sigue la imagen del patrón San Pablo Apóstol. En tres puntos del recorrido de la procesión, la vaca y sus acompañantes realizan los tradicionales “cortes” entre las imágenes de los dos santos. En este rito cruzan por medio de la comitiva haciendo sonar enérgicamente los cencerros. Es en este momento de la fiesta donde encontramos perfectamente unidos el carácter pagano y el religioso de la misma. Cortan el transcurso normal de la procesión simbolizando el enfrentamiento entre el bien, representado por los dos santos, y el mal o lo pecaminoso representado por la “ronda de la vaca”. Después tiene lugar la misa en la que los componentes de la ronda no participan, pues han de esconder a la “madre cochina” en algún lugar del pueblo para que acto seguido, los casados, lleven a cabo su búsqueda. La tradición manda que si los estos la encuentran, serán los encargados de “correr la vaca” a los forasteros. Pero como es costumbre que sean los quintos los protagonistas y quienes la corran, los casados no consiguen encontrarla.  Finalizada la misa tiene lugar otro de los momentos relevantes y curiosos de esta fiesta: la “tirada del palo”. El palo es un gran tronco de árbol atado por sus dos extremos con grandes sogas. En un lado se colocan los casados y en el otro los solteros. Ambos tiran con gran fuerza para ver quién consigue arrebatar el palo a quién y sacarlo de la plaza. El grupo que consiga arrastrarlo a mayor distancia será el ganador. Tras esto, la vaca y su cuadrilla comienzan a buscar forasteros por la plaza para “correrlos”. Dos quintos llevan al forastero cogido por los brazos y a la carrera se dirigen hacia la puerta del ayuntamiento perseguidos por la vaca que le intenta cornear, el resto de los quintos haciendo sonar los cencerros, y el “escobones” que restalla su honda contra el suelo simulando que arrea a la manada. Al llegar al ayuntamiento, se obsequia al forastero con tostones y limonada tras cumplir con el rito. El negarse a cumplir puede ser tomado como una falta de respeto hacia el pueblo o como un desprecio a la tradición. Con esto se pone broche a la que quizá sea la fiesta más querida por los sampableños, y la que carga con más siglos de historia y antigüedad.

No puedo cerrar esta entrada sin dedicársela a una persona muy especial que nos dejó hace muy poco: mi abuela Antonia, sampableña que desde que tengo uso de razón me ha hablado de las tradiciones de su pueblo haciendo que las quiera y las respete como un sampableño más. Pues, no habiendo nacido en San Pablo de los Montes, un trocito de mi corazón habita allí, es el pueblo de mi familia y un lugar al que siempre me gusta volver para cumplir con las tradiciones heredadas de mis mayores. Gracias a todo lo que me contó mi abuela, me ha quedado un rico legado que yo transmitiré a los míos, porque de esta manera es como no muere la memoria colectiva de los pueblos.

Agradezco la amabilidad de Alicia Benito, que me ha cedido la fotografía de la luminaria de este año.

Imagen del Patrón San Pablo Apóstol
 
Imagen de San Sebastián engalanada con la rama de pino

La "ronda de la Vaca" llega a la plaza. 2013.

La Vaca cortando la procesión. Año 2013

 *Todos los textos, así como las imágenes y los archivos de vídeo son propiedad del autor.

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