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miércoles, 5 de febrero de 2014

“LA ENDIABLADA” DE ALMONACID DEL MARQUESADO


Para la Candelaria y San Blas, el calendario festivo de España vuelve a llenarse de fiestas y tradiciones que se reparten por todo el país. Ritos ancestrales, ligados en su mayor parte a celebraciones de origen pagano, vuelven cada año para perpetuar siglos de historia en nuestros pueblos. Es el caso de Almonacid del Marquesado, pequeño pueblo de la provincia de Cuenca, famoso por su fiesta de “La Endiablada” que celebra cada mes de febrero en honor a la Virgen de las Candelas y San Blas. Durante esos días, este pueblo se llena de una magia especial, de un aire que trae consigo cientos de años de historia que no cambia, parece que se detiene el tiempo. Los diablos, principales protagonistas de la fiesta, salen a recorrer calles y plazas cargados con los pesados cencerros que en otro tiempo eran el medio para alejar los malos espíritus a través de este rito. Con sus porras en las manos, alzan sus brazos en señal de adoración a su Virgen y a su patrón San Blas. Los gorros floreados y las mitras nos recuerdan en todo momento la carga eminentemente religiosa de la celebración. Los rostros… Quizá sean la parte más especial de la fiesta, el aspecto que aporta la máxima intensidad emocional… Esas caras de emoción de los diablos frente a su Virgen y a su Santo, las caras de los niños –el futuro de la fiesta-, y las de los más mayores que no saben si tal vez esta será su última fiesta… Todo un rito que Almonacid ha sabido conservar como su mayor tesoro y que quienes hemos podido disfrutar de él, quedamos con ganas de volver.
Los diablos visten monos de colores y motivos muy diversos. Portan a sus espaldas grandes cencerros o zumbas que son seguramente la pieza más característica de la fiesta. El 2 de febrero, día de la Candelaria, portan gorros cubiertos de flores; el día de San Blas, 3 de febrero, las mitras en alusión a la condición de obispo del santo mártir. En ambos complementos llevan cosidas estampas de la Virgen y San Blas, o de otros santos. Portan en sus manos la porra, que no es más que un palo rematado en una cabeza que hace alusión al diablo. Algunos llevan sus caras tapadas con máscaras, costumbre que con el paso de los años se ha ido perdiendo, siendo muy pocos los que la llevan en la actualidad. Dentro del conjunto de diablos sobresale la figura del “diablo mayor”, que es la persona que más años lleva participando en la fiesta como diablo. Su vestimenta suele ser roja completamente y porta un cetro de madera con la imagen de San Blas.
Otra pieza fundamental de la fiesta son las danzantas, que recorren las calles de Almonacid, y durante la procesión, cerrando el cortejo, ejecutan sus vistosas danzas. En la plaza trenzan el cordón con una destreza impresionante y desgranan las piezas de un pequeño arado de madera que una de ellas porta. En la iglesia recitan los dichos frente a la Virgen y San Blas. Visten refajos de diversos colores ricamente bordados, blusa, y mantón de manila, y van acompañadas de dulzaina y tambor.
La explicación de la presencia de los diablos hay que buscarla en dos leyendas distintas. En lo que respecta a la Candelaria, haría referencia a un grupo de pastores que acompañaron a la Virgen hasta el templo cuando fue a presentar al Niño Jesús, para que pasara desapercibida y las gentes se fijaran en el sonido de los cencerros y no en ella. En cuanto a San Blas, estaría relacionada con el hallazgo de la imagen del santo que estaba enterrada en un paraje cercano a Almonacid, y que fue desenterrada por unos pastores que la lavaron con el aguardiente que llevaban en sus zurrones. Trasladaron la imagen a la iglesia del pueblo, y danzaron ante ella con los cencerros de sus animales, mostrando así la alegría que les causaba tener al santo entre ellos. Esta es la explicación de la fiesta que ha pasado de generación en generación en Almonacid del Marquesado.
La víspera de la Candelaria, el 1 de febrero, los diablos salen por la noche a recorrer el pueblo con el estruendo de los cencerros como protagonista. Acuden a casa del alcalde, que les invita a rosquillos del santo. El día 2 se celebra la Candelaria, el primero de los dos días grandes de la fiesta. Muy de mañana, los diablos salen de nuevo a recorrer Almonacid haciendo sonar sus cencerros, mientras que otros llevan a cabo la cuestación casa por casa. Portan grandes cestos de mimbre donde se depositan las ofrendas, y llevan la torta que se ofrecerá posteriormente a la Virgen, y que se trata de una gran anguila de mazapán. A media mañana los diablos se dirigen hacia la iglesia en la que entran haciendo sonar sus cencerros dando una vuelta por el interior de la misma. Depositan la torta a los pies de la Candelaria y de nuevo salen a la calle. Después tiene lugar la procesión con la imagen de la Virgen, el momento de mayor intensidad de la fiesta al igual que ocurrirá al día siguiente cuando le toque el turno a San Blas. La imagen sale ante el emocionante estruendo de los cencerros, y los diablos, porra en alto, van delante de la Virgen sin perderla de vista. Danzando se acercan y se alejan de la imagen dando grandes saltos y ejecutando carreras, siempre avanzando en sentido circular. Los “vivas” a la Candelaria son constantes durante toda la procesión, las caras de emoción de los diablos son dignas de ver en esos momentos tan especiales para cualquier hijo de Almonacid. Ya por la tarde, los diablos ejecutan su ancestral danza ante la Candelaria, para después visitar el cementerio. Acto seguido tiene lugar otro de los momentos álgidos de la fiesta: el lavatorio de la cara a San Blas. Esta tradición viene de muy antiguo, y está relacionada con el hallazgo del santo del que ya he hablado. El diablo mayor es quien tiene el privilegio de lavar la cara a San Blas, y para ello lleva una botella con aguardiente y la toalla para secarle. De nuevo al caer la tarde vuelven a recorrer las calles del pueblo para finalizar en la plaza, esperando la llegada de la siguiente jornada.
El día 3 vuelve a ser el día grande para Almonacid del Marquesado, pues se celebra a San Blas, el patrón al que tanta devoción profesan. Los actos son los mismos que los del día anterior, pero la diferencia está en la mitra que llevan y que es de color rojo para todos con bordados, haciendo referencia al obispo San Blas. Los diablos repiten los mismos ritos que el día de la Candelaria: danzan en el interior de la iglesia, acompañan al santo en procesión con sus danzas y el sonido de los cencerros, lanzan “vivas” a San Blas, y sobre todo lo viven con la misma intensidad o incluso más por ser el último día de la fiesta y a partir del que comienza otra cuenta atrás de 365 días.
De mi visita a esta fiesta me quedo con las palabras que un diablo de edad avanzada dirigió a otro más joven que quizás sería su hijo o su nieto. Abrazándole le dijo: “¿Podré el año que viene? ¿Podré?...”. Vemos como los almonacideños nacen y mueren con la endiablada corriendo por sus venas, es su mayor seña de identidad.







*Todos los textos, así como la imágenes y archivos de vídeo son propiedad del autor.

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