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martes, 26 de agosto de 2014

LOS “DIABLILLOS” DE ORGAZ


La Villa toledana de Orgaz atesora en su calendario festivo varias tradiciones de gran antigüedad y de especial interés. La más destacada de todas por su vistosidad y complejidad ritual es la que cada año protagoniza la Compañía de Alabarderos, con motivo de las fiestas del Santísimo Cristo del Olvido, patrón de la localidad.
La Compañía de Alabarderos, al igual que en otros municipios cercanos de la Comarca de los Montes de Toledo, como Sonseca o Los Yébenes, está íntimamente ligada al culto a las Ánimas Benditas. Esta Compañía de Orgaz tiene su origen en la Soldadesca de Ánimas, cuya función principal tenía lugar en la Pascua de Pentecostés, como ocurre u ocurría en otras poblaciones de la provincia. Era muy frecuente encontrar la aparición de estas soldadescas en los días de Carnaval, en los conocidos como Carnavales de Ánimas; de hecho, mi informante me indica que en Orgaz los “diablillos” de los que hablaremos en este artículo, antiguamente recuerda que hacían su aparición en carnaval. En muchas ocasiones estas compañías o soldadescas se fusionaron con otras hermandades y cofradía de mayor peso o importancia, a menudo las del patrón o patrona. Es el caso de Orgaz, donde la Compañía de Alabarderos –antigua Soldadesca de Ánimas- aparece ligada a la Hermandad del Santísimo Cristo del Olvido, al que rinden honores en las fiestas de agosto.
En la mayoría de las Soldadescas o Compañías encontramos una figura –en el caso de Orgaz dos- que abre la comitiva y que se encarga de la cuestación y de mantener el orden y buena marcha del grupo. Estos personajes son los que clasificamos como máscaras, botargas, birrias, diablos… Son personajes grotescos, de las denominadas “máscaras fustigadoras” por el hecho de portar un elemento fustigador (lanza, vejiga, porra, castañuela de gran tamaño…), y que visten ropas muy coloridas y estrafalarias.
En el caso de la Compañía de Alabarderos de Orgaz, encontramos las figuras de los “diablillos”, que hacen su aparición el 23 de agosto, antes de las fiestas, cuyos días principales son el 24 y 25, sólo para hacer la cuestación. En la actualidad son dos niños los que encarnan a estos dos personajes demoníacos, los dos niños que en la fiesta ejercerán las funciones de abanderados infantiles. Me cuenta mi informante, Juan Alfonso, Alabardero Mayor, que antiguamente no eran niños quienes se vestían de diablillos, sino que eran los propios alabarderos, adultos, los que se encargaban de cumplir con la tradición. Pero llegado un punto en que la tradición se vió amenazada por falta de voluntarios, se decidió que fuesen los dos niños de la bandera quienes vistieran el traje de diablillo y llevaran a cabo la cuestación. El domingo o primer festivo antes de la bajada del Cristo de su altar, que se produce cada 21 de agosto, tiene lugar la “reseña”, donde se va a la casa de cada Mando anunciando la llegada inminente de la fiesta. En esta reseña se acude también a casa de los abanderados, y en este momento se comunica de manera oficial a los abanderados infantiles que tendrán que vestirse de “diablillos”.
El traje que llevan guarda muchas similitudes con los de otras botargas o máscaras que protagonizan cuestaciones en otros lugares, como puede ser el caso del “judío” de Arcicóllar en Toledo, o la “máscara” de Ateca, en Zaragoza, por poner algún ejemplo. Su vestimenta se compone de pantalón bombacho compuesto por diferentes tiras de tela cosidas entre sí en vertical, de color rojo, amarillo y negro. Llevan una chaqueta que se abrocha con cremallera, compuesta por cuadros de tela alternando los colores rojo y amarillo. Sobre cada uno de los cuadros, tanto en la parte delantera, como en la trasera y las mangas, llevan cosidos elementos alusivos al demonio y al pecado recortados en tela negra, como son el propio diablo portando un tridente, una calavera, una serpiente, y una especie de lagarto o sabandija. Remata el atuendo un gorro de los mismos colores, que no siempre llevan debido a las altas temperaturas propias del mes de agosto. Llama la atención la ausencia de cencerros, campanillas o cascabeles, que normalmente suelen llevar estos personajes, con el fin de anunciar su llegada, así como la ausencia de máscara o careta que probablemente en otro tiempo sí llevaron. Portan en sus manos dos elementos de gran importancia, y que suelen ser comunes en este tipo de máscaras. Por un lado está el tridente, alusivo a la condición de diablos, y que actúa como elemento fustigador, pero en este caso de manera simbólica, ya que con él no amenazan ni golpean a nadie como ocurre en otras fiestas de estas características, al menos en la actualidad. Por lo general en esos actos de cuestación por parte de máscaras, las lanzas, tridentes o asadores se emplean para ir ensartando, pinchando o colgando, los donativos en especie, que suelen ser chorizos, roscas de pan, dulces… En mi visita a Orgaz, pregunté a mi informante si en este pueblo el tridente tenía el mismo fin, y me indicó que él nunca lo había conocido, que suponía un elemento más del atuendo del “diablillo”. Quizá en otras épocas, cuando el nivel económico era bajo, sí se entregaran alimentos, sustitutivos del dinero, que posteriormente fueran subastados en las pujas o almonedas de Ánimas, para obtener dinero para ofrecer misas. El otro elemento del que hablamos es el cepillo o hucha que portan los “diablillos” para llevar a cabo la cuestación. Se trata de una caja metálica, cerrada con llave, en la que los orgaceños van depositando sus donativos.
La función principal de los “diablillos” es hacer una cuestación o petición de donativos entre los vecinos de Orgaz, que se destina a ofrecer misas por las Ánimas Benditas. Me contaba Juan Alfonso que en la actualidad este dinero se sigue destinando para el mismo fin, reservando una parte para el Cristo, y otra en ciertas ocasiones para realizar obras benéficas en las misiones que el Arzobispado de Toledo tiene encomendadas en Moyobamba (Perú). Este acto que realizan los vecinos de ofrecer donativos podemos interpretarlo también como un acto de generosidad para con las Ánimas, que puede después verse recompensado por las mismas, propiciando protección sobre el oferente. Me viene a la cabeza al hilo de esta reflexión una coplilla de animeros que hace referencia a esto precisamente: “A las Ánimas Benditas, dadles limosnas devotos, que puede ser que algún día las pidan para vosotros”.
Muy de mañana, salen a recorrer las calles de Orgaz acompañados por los tambores y las trompetas de la Compañía de Alabarderos, que van anunciando con sus repetitivos y característicos redobles y toques la llegada de los dos “diablillos” a cada una de las calles del pueblo. Cada uno de los dos niños lleva un ayudante que le sujeta en todo momento el tridente, para facilitarle la pesada tarea de ir casa por casa soportando el calor propio del mes de agosto en estas tierras. La petición se lleva a cabo por barrios en los que los vecinos salen de sus casas para cumplir con tan entrañable tradición.
Agradezco la colaboración de mi amiga Raquel Pérez-Cejuela, y de su madre Soco, orgaceñas, por haberme facilitado los datos necesarios para mi visita a esta celebración. También agradezco la información referente a la fiesta aportada por Juan Alfonso Martín Delgado, Alabardero Mayor, con quien tuve el placer de hablar el mismo día que los “diablillos” salieron a recorrer las calles de Orgaz.

Los vecinos de Orgaz ofrecen para las Ánimas

El tridente del "diablillo"

Tambores y Trompetas de la Compañía de Alabarderos

*Todos los textos, así como las imágenes y archivos de vídeo son propiedad del autor.

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