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viernes, 5 de septiembre de 2014

LAS ALABARDAS DE ORGAZ


Volvemos de nuevo a la localidad toledana de Orgaz, para hablar de su tradición más importante y enraizada: la fiesta de las alabardas que cada mes de agosto se celebra en honor de su patrón, el Stmo. Cristo del Olvido.
La presencia de las alabardas está muy extendida en diversas fiestas de la provincia de Toledo. Es curioso que todas las soldadescas o compañías de alabarderos están ligadas a celebraciones en honor a las Ánimas, y aparecen normalmente en carnaval. Muchos son los pueblos que emplean esta arma, cuya presencia tiene origen en nuestro país allá por el siglo XVI, cuando el Rey Católico ordena la constitución del Cuerpo de Alabarderos, cuya misión era acompañar al rey y darle escolta o custodia. Encontramos alabardas y alabarderos especialmente en los pueblos que celebran importantes carnavales de ánimas como pueden ser los de la Campana de Oropesa (El Torrico, Valdeverdeja…), la comarca de Talavera (Segurilla, Mejorada, El Real de San Vicente…), y en pueblos de la comarca próxima a La Mancha como Villafranca de los Caballeros. También están presentes las alabardas en pueblos colindantes a Orgaz y que al igual que en éste, aparecen en las festividades de sus patronos. Es el caso de Mora de Toledo, que acompañan al Cristo de la Vera Cruz el 15 de septiembre, y el de Sonseca que rinden honores a la Patrona, Ntra. Sra. de los Remedios cada 8 de septiembre.
En Orgaz la presencia de las alabardas en origen estuvo vinculada a la Cofradía de Ánimas, cuya función principal tenía lugar cada domingo de Pentecostés. Con el paso de los siglos, los alabarderos y la Cofradía de Ánimas quedan unidos a la Mayordomía del patrón de Orgaz, el Santo Cristo del Olvido, pasando a celebrarse la fiesta de las alabardas cada 25 de agosto. Se trata de la tradición más arraigada de este precioso pueblo, que cada año se echa a la calle como lo viene haciendo desde siglos atrás para venerar con especial fervor a su Cristo del Olvido.
Los protagonistas de la fiesta son las alabardas, los alabarderos, los cargos u oficios y los abanderados. Cualquier orgaceño, hombre, puede inscribirse para ser alabardero en la Compañía y desfilar por las calles de Orgaz. En cambio, para ser abanderado, hay que inscribirse previamente en una lista, llegando a ocupar el cargo pasados varios años. Me contaba uno de mis informantes, el abanderado de este año, Emmanuel Bravo, que él se apuntó siendo un niño, y han transcurrido varios años hasta que ha llegado a ser abanderado. Es tan fuerte el sentimiento de los orgaceños hacia su fiesta que, según me comentaban, muchos de los niños son inscritos en el momento de nacer para llegar a ser abanderados. En la actualidad son tres las personas que ocupan estos cargos, un adulto, y desde 1975 dos niños como abanderados infantiles.
Las alabardas se componen de un palo o mástil rematado por el arma propiamente dicho, todo ello recubierto artísticamente de multitud de flores y cintas de tela de colores. La función de los alabarderos en este caso es acompañar en todo momento a los cargos u oficios y a los abanderados en los diferentes momentos que componen la fiesta, y como no, rendir honores al Cristo del Olvido, que es el centro de la celebración. Los alabarderos visten pantalón negro y camisa blanca o azul sobre la que va bordada la imagen del Cristo. Llevan sobre su pecho la medalla con la imagen del patrón.
Los cargos u oficios se componen por varias figuras, que se distinguen por su vestimenta, normalmente traje de chaqueta,  y por las preseas que portan. Son el capitán, que porta un bastón y cruz de plata en la solapa de la chaqueta; el maestro de campo, que porta bastón y medalla en la solapa; y el ayudante del capitán que también porta bastón. Por otro lado están los abanderados, que portan las banderas que “juegan” delante del Cristo. Las banderas son de los colores de la enseña nacional, rojo y gualda, y sobre ellas va bordada por una cara la imagen del Cristo, y por otra la calavera que hace referencia a las Ánimas. En los desfiles, los abanderados llevan la bandera sobre sus hombros, cubriendo la espalda, y sujetan el mástil con las manos. El mástil va rematado con una alabarda que se retira cuando los abanderados se disponen a jugar la bandera.
Otra parte importante de la Compañía de Alabarderos son los tambores y los clarines que acompañan con sus característicos toques, y que marcan el ritmo en el “juego” de la bandera. Los toques de tambor se componen de constantes y enérgicos redobles. Los toques de las trompetas son puramente militares, haciendo referencia al origen de los alabarderos, que formaban un cuerpo de escolta militar.
La Compañía hace su primera aparición en la denominada “reseña”, de la que ya hablé en el artículo dedicado a los “diablillos”, y que tiene lugar en el último domingo o festivo anterior al día 25 de agosto. En este acto la Compañía de Alabarderos recorre las casas de cada uno de los cargos anunciando la llegada de la fiesta. Días después hacen su aparición los “diablillos” para hacer cuestación para ofrecer misas por las Ánimas. Los días importantes de las fiestas, en los que los alabarderos tienen mayor protagonismo, son el 24 y 25 de agosto, víspera y día grande respectivamente. El 24 por la mañana, tras haber recogido a los cargos en sus domicilios, acuden al bello templo parroquial para presentarse ante el Cristo, finalizando el acto con el “juego” de la bandera. Por la tarde vuelven de nuevo para presentar la ofrenda floral junto al pueblo y vuelven a “jugar” la bandera. Ya el día 25 tiene lugar el punto álgido de las fiestas. Tras haber recogido a los cargos, a media mañana, desde el castillo de los Condes de Orgaz, se dirigen junto a las autoridades a la iglesia para asistir a la celebración de la Santa Misa, colocándose todos en el altar mayor. Uno de los momentos de mayor emoción y más esperados por los orgaceños es el juego de la bandera que tiene lugar finalizada la celebración de la Eucaristía. Primero el abanderado y luego los abanderados infantiles, bailan la bandera con gran destreza y visible emoción ante la imagen del Cristo. Dignos de ver son los rostros de concentración de los abanderados que deleitan a los que presencian el acto con multitud de giros y destrezas, siempre intentando que la bandera no caiga al suelo. Los orgaceños viven este momento con gran emoción, y rompen en aplausos y vítores dirigidos a los valientes abanderados que cumplen con la tradición más grande de su pueblo. Finalizado el juego de la bandera, los alabarderos de nuevo acompañan a cada cargo a su casa, a la que volverán de nuevo por la tarde para acompañarles a la plaza. Allí tendrá lugar el cambio o relevo de mandos y abanderados, y dará comienzo el ofrecimiento, en que los orgaceños ofrecen al Cristo sus donativos en dinero y en especie, que en los días sucesivos de las fiestas serán subastados en acto público, ofreciendo las gentes diversas cantidades por quedarse con la puja. Tras el ofrecimiento, el Cristo recorre en procesión las calles de Orgaz, siendo escoltado por los alabarderos. Delante de la sagrada imagen, los abanderados juegan la bandera, así como todo aquel que lo desee. Este acto pone el broche de oro a unas fiestas que los orgaceños guardan muy dentro de sus corazones, comenzando la cuenta atrás para la llegada de una nueva fiesta.
Agradezco la colaboración de Raquel Pérez-Cejuela, y la de Soco, que me facilitó la entrada al castillo para hablar con los abanderados, así como la de Emmanuel Bravo, abanderado de 2014, que me estuvo hablando de la tradición y de sus vivencias.

Las tres banderas con las Ánimas y el Cristo

Banderas

Los alabarderos forman a las puertas del castillo de Orgaz

De camino a la iglesia


El abanderado "jugando" la bandera

La gran destreza del abanderado

Juego de la bandera

Jugando la bandera ante el Cristo

La mayor tradición de Orgaz

Abanderado infantil

Desde pequeños heredan la tradición

Abanderado infantil

Desde niños se aprende a jugar la bandera
 
Las alabardas junto a los muros del castillo

*Todos los textos, así como las imágenes y archivos de vídeo son propiedad del autor.

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