Bienvenidos a OBJETIVO TRADICIÓN, un proyecto que se basa en el estudio y la divulgación del patrimonio cultural inmaterial tan rico que posee España. Te invitamos a conocerlo a través de los ritos, costumbres, fiestas, tradiciones, folklore... que traemos hasta este espacio. ¡Gracias por tu visita!

martes, 25 de febrero de 2014

SANTAS Y SANTOS PROTECTORES (II): SAN BLAS, ABOGADO DE LOS MALES DE LA GARGANTA. DEVOCIÓN Y RELIGIOSIDAD POPULAR EN EL LUGAR DE MAÑOSA (TOLEDO)


 
San Blas, que se celebra el 3 de febrero, es invocado como abogado de los males relacionados con la garganta. Este hecho viene asociado al milagro que obró el Santo Obispo de Sebaste, salvando a un niño que se estaba ahogando al haberse tragado una espina de pescado. En muchas representaciones de San Blas encontramos la referencia a este milagro, apareciendo junto a él un niño arrodillado solicitando el favor del santo, o a éste llevándose una mano a la garganta.
Son muchos los lugares que le veneran, muchos los que celebran su fiesta, y muchos los que conservan curiosos rituales para proteger las gargantas. Ocurre con San Blas lo mismo que con San Sebastián o San Roque. Es un santo cuya veneración está muy extendida en España, habiendo infinidad de pueblos que le honran con especial fervor. Es el caso del despoblado de Mañosa, perteneciente en la actualidad al pueblo de Cebolla, en la provincia de Toledo, y que traigo hasta aquí por la importancia de su romería de San Blas.
Mañosa es uno de esos lugares mágicos donde el tiempo se detuvo hace algunos siglos. De lo que fue el pueblo sólo queda hoy la antigua parroquia de San Pedro Advíncula, del siglo XVI, actualmente ermita de San Blas, asociada al pueblo de Cebolla. Parece increíble que donde hubo casas, vecinos, e incluso cárcel y ayuntamiento, hoy no quede nada, tan solo la iglesia donde desde hace muchos siglos se ha dado culto a San Blas. Es fácil pensar que la parroquia se ha mantenido por el arraigo de la devoción al santo, cuya fiesta se sigue celebrando desde que el pueblo de Mañosa así lo estableciera mediante un voto realizado en el siglo XVII, por el gran fervor que se le profesaba. Mañosa inició su despoblación en el siglo XIX pasando finalmente a pertenecer a la villa de Cebolla, de la que dista apenas dos kilómetros.
Las gentes de Cebolla y de los pueblos limítrofes acuden cada 3 de febrero hasta Mañosa para celebrar la fiesta de San Blas que se prolonga varios días, convirtiéndose la ermita en lugar de peregrinación, al que llega gran cantidad de personas para encomendarse al santo. Durante los días que dura la romería es costumbre que los devotos ofrezcan exvotos de cera al glorioso San Blas. Cientos de gargantas con cintas de colores penden del arco que se coloca sobre las andas. En las cintas los devotos escriben su nombre o la petición que elevan al santo. Pero es tan grande la devoción por San Blas, que no solamente se ofrecen gargantas, sino también otras partes del cuerpo en cera, como pueden ser pies, piernas, manos… en agradecimiento al milagroso santo por haber librado de algún trance complicado al oferente. Es el santero de la ermita el que se encarga de vender las gargantas a los fieles que después las depositan junto al santo. La bella imagen de San Blas preside el retablo de la iglesia de Mañosa junto a San Pedro, titular de la antigua parroquia, y al que también se festeja cada año en junio, recordando así el patronazgo que ejercía antaño en el lugar.
La fiesta de San Blas comienza el 2 de febrero, día de la Candelaria, con el encendido por la noche de la luminaria en la explanada de la ermita. En el entorno se colocan atracciones, chiringuitos, puestos donde se venden dulces típicos… para el disfrute de los romeros. El día 3 tiene lugar el día grande en que se honra de manera especial a San Blas. Por la mañana tienen lugar la misa y el refresco que ofrece la Hermandad, y por la tarde la procesión de la venerada imagen por los alrededores de la ermita.
Una curiosa tradición es la que tiene lugar en los días posteriores a la fiesta. El santero, que custodia la ermita los 365 días del año, recorre el pueblo de Cebolla, casa por casa, con una pequeña imagen de San Blas, para recoger donativos para el santo y para el mantenimiento de la ermita, a la que se puede acudir en cualquier momento del año para pedir la intercesión de San Blas ante cualquier problema relacionado con la garganta.

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domingo, 9 de febrero de 2014

LA SANTA Y MILAGROSA CRUZ DE BATRES: LEYENDA Y TRADICIÓN


Batres es un bello pueblecito de la provincia de Madrid, que se halla cercano al curso del río Guadarrama. Atesora un impresionante castillo ligado a la familia del insigne poeta Garcilaso de la Vega, quien residió en él. Se encuentra Batres rodeado de una espesa arboleda que cobija regatos y fuentes que hacen de este lugar un enclave singular. Pero si hay algo por lo que los hijos de Batres se sienten orgullosos, es por guardar con celo en su iglesia parroquial una Milagrosa Cruz a la que tiene por patrona y que está ligada a una bonita leyenda que ha pasado de generación en generación.
Allá por el siglo XVI, un labrador recogió leña del monte que llevó a su casa para combatir los rigores del invierno. Colocó los leños en su hogar y tras varios intentos, no fue capaz de encender la lumbre. De repente un resplandor de luz y fuego iluminó el lugar y en su centro se formó una Cruz con los leños que se disponía a quemar. El milagroso hecho se puso en conocimiento de los pueblos de los alrededores, y fueron los vecinos de Añover de Tajo, en la vecina provincia de Toledo, quienes rápidamente solicitaron la milagrosa Cruz alegando que se les había robado durante la invasión musulmana. Esto dio lugar a un pleito entre ambos pueblos, ganando Batres, donde quedó la Santísima Cruz para ser venerada por siempre. Cuenta la tradición que tanta repercusión tuvo el pleito que hasta el Papa Pío V intervino, regalando al pueblo de Batres unas sandalias suyas que fueron conservadas hasta la guerra civil en la parroquia.
 Las coplillas que componen el himno a la Cruz de Batres, hablan de estos sucesos y de la devoción que se la ha tenido y se la tiene:
Santa Cruz, que te robaron
En el pueblo de Añover
Y te trajeron a Batres
Para ser patrona de él.

Santa Cruz y Milagrosa,
¡Cómo te harían astillas
Siendo una Cruz tan hermosa
Que a todo el pueblo iluminas!

Santa Cruz y Milagrosa,
De rodillas te pedimos
El agua para los campos
Hombres, mujeres y niños.
Desde entonces, el pueblo de Batres ha custodiado con gran fervor la sagrada efigie de la Cruz de madera que lleva pintado a Cristo en su interior, celebrando fiestas en su honor cada mes de febrero. La fiesta toda la vida se ha hecho el 9 y 10 del citado mes, pasando en la actualidad al fin de semana más próximo. El domingo anterior a la fiesta, la Cruz, que preside el retablo mayor de la iglesia de Batres, es bajada y expuesta a la adoración de los fieles. El sábado siguiente, víspera de la fiesta grande, muy de mañana los mozos del pueblo van a los montes cercanos a recoger la leña con la que se encenderá por la noche la hoguera. Como en toda fiesta de invierno, el fuego no podía faltar. La lumbre se mantiene encendida toda la noche en el centro de la plaza mientras se celebra un baile para todo el pueblo. Me contaba una vecina de Batres que antiguamente los encargados de amenizar la noche de la víspera y el resto de actos de la fiesta, eran los músicos de la banda del vecino pueblo de Carranque, en la provincia de Toledo. Cuenta que venían andando hasta Batres y que era tradición que cada músico fuese acogido en una casa del pueblo, en la que hacía noche.
Ya el domingo, el día grande de la Santa Cruz de Batres, tienen lugar los actos tradicionales de la fiesta, eminentemente religiosos. Por la mañana se celebra la santa misa, y finalizada ésta, el pueblo se reúne en la plaza para compartir un aperitivo. Ya por la tarde, se saca la Cruz en procesión para recorrer las calles del pueblo. Va ricamente engalanada con un vistoso arco de flores y con cintas de tela de muchos colores. Al llegar la Santa Cruz a la iglesia tienen lugar las tradicionales pujas, uno de los momentos más emotivos de la fiesta, donde los batreños entregan altas cantidades económicas para obtener el privilegio de portar las andas o las cintas. Se pujan los cuatro brazos, divididos en dos partes cada uno, así como las múltiples cintas que adornan la Cruz. Acabadas las pujas, se dan por concluidas estas fiestas tan queridas por las gentes de Batres.

 
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miércoles, 5 de febrero de 2014

“LA ENDIABLADA” DE ALMONACID DEL MARQUESADO


Para la Candelaria y San Blas, el calendario festivo de España vuelve a llenarse de fiestas y tradiciones que se reparten por todo el país. Ritos ancestrales, ligados en su mayor parte a celebraciones de origen pagano, vuelven cada año para perpetuar siglos de historia en nuestros pueblos. Es el caso de Almonacid del Marquesado, pequeño pueblo de la provincia de Cuenca, famoso por su fiesta de “La Endiablada” que celebra cada mes de febrero en honor a la Virgen de las Candelas y San Blas. Durante esos días, este pueblo se llena de una magia especial, de un aire que trae consigo cientos de años de historia que no cambia, parece que se detiene el tiempo. Los diablos, principales protagonistas de la fiesta, salen a recorrer calles y plazas cargados con los pesados cencerros que en otro tiempo eran el medio para alejar los malos espíritus a través de este rito. Con sus porras en las manos, alzan sus brazos en señal de adoración a su Virgen y a su patrón San Blas. Los gorros floreados y las mitras nos recuerdan en todo momento la carga eminentemente religiosa de la celebración. Los rostros… Quizá sean la parte más especial de la fiesta, el aspecto que aporta la máxima intensidad emocional… Esas caras de emoción de los diablos frente a su Virgen y a su Santo, las caras de los niños –el futuro de la fiesta-, y las de los más mayores que no saben si tal vez esta será su última fiesta… Todo un rito que Almonacid ha sabido conservar como su mayor tesoro y que quienes hemos podido disfrutar de él, quedamos con ganas de volver.
Los diablos visten monos de colores y motivos muy diversos. Portan a sus espaldas grandes cencerros o zumbas que son seguramente la pieza más característica de la fiesta. El 2 de febrero, día de la Candelaria, portan gorros cubiertos de flores; el día de San Blas, 3 de febrero, las mitras en alusión a la condición de obispo del santo mártir. En ambos complementos llevan cosidas estampas de la Virgen y San Blas, o de otros santos. Portan en sus manos la porra, que no es más que un palo rematado en una cabeza que hace alusión al diablo. Algunos llevan sus caras tapadas con máscaras, costumbre que con el paso de los años se ha ido perdiendo, siendo muy pocos los que la llevan en la actualidad. Dentro del conjunto de diablos sobresale la figura del “diablo mayor”, que es la persona que más años lleva participando en la fiesta como diablo. Su vestimenta suele ser roja completamente y porta un cetro de madera con la imagen de San Blas.
Otra pieza fundamental de la fiesta son las danzantas, que recorren las calles de Almonacid, y durante la procesión, cerrando el cortejo, ejecutan sus vistosas danzas. En la plaza trenzan el cordón con una destreza impresionante y desgranan las piezas de un pequeño arado de madera que una de ellas porta. En la iglesia recitan los dichos frente a la Virgen y San Blas. Visten refajos de diversos colores ricamente bordados, blusa, y mantón de manila, y van acompañadas de dulzaina y tambor.
La explicación de la presencia de los diablos hay que buscarla en dos leyendas distintas. En lo que respecta a la Candelaria, haría referencia a un grupo de pastores que acompañaron a la Virgen hasta el templo cuando fue a presentar al Niño Jesús, para que pasara desapercibida y las gentes se fijaran en el sonido de los cencerros y no en ella. En cuanto a San Blas, estaría relacionada con el hallazgo de la imagen del santo que estaba enterrada en un paraje cercano a Almonacid, y que fue desenterrada por unos pastores que la lavaron con el aguardiente que llevaban en sus zurrones. Trasladaron la imagen a la iglesia del pueblo, y danzaron ante ella con los cencerros de sus animales, mostrando así la alegría que les causaba tener al santo entre ellos. Esta es la explicación de la fiesta que ha pasado de generación en generación en Almonacid del Marquesado.
La víspera de la Candelaria, el 1 de febrero, los diablos salen por la noche a recorrer el pueblo con el estruendo de los cencerros como protagonista. Acuden a casa del alcalde, que les invita a rosquillos del santo. El día 2 se celebra la Candelaria, el primero de los dos días grandes de la fiesta. Muy de mañana, los diablos salen de nuevo a recorrer Almonacid haciendo sonar sus cencerros, mientras que otros llevan a cabo la cuestación casa por casa. Portan grandes cestos de mimbre donde se depositan las ofrendas, y llevan la torta que se ofrecerá posteriormente a la Virgen, y que se trata de una gran anguila de mazapán. A media mañana los diablos se dirigen hacia la iglesia en la que entran haciendo sonar sus cencerros dando una vuelta por el interior de la misma. Depositan la torta a los pies de la Candelaria y de nuevo salen a la calle. Después tiene lugar la procesión con la imagen de la Virgen, el momento de mayor intensidad de la fiesta al igual que ocurrirá al día siguiente cuando le toque el turno a San Blas. La imagen sale ante el emocionante estruendo de los cencerros, y los diablos, porra en alto, van delante de la Virgen sin perderla de vista. Danzando se acercan y se alejan de la imagen dando grandes saltos y ejecutando carreras, siempre avanzando en sentido circular. Los “vivas” a la Candelaria son constantes durante toda la procesión, las caras de emoción de los diablos son dignas de ver en esos momentos tan especiales para cualquier hijo de Almonacid. Ya por la tarde, los diablos ejecutan su ancestral danza ante la Candelaria, para después visitar el cementerio. Acto seguido tiene lugar otro de los momentos álgidos de la fiesta: el lavatorio de la cara a San Blas. Esta tradición viene de muy antiguo, y está relacionada con el hallazgo del santo del que ya he hablado. El diablo mayor es quien tiene el privilegio de lavar la cara a San Blas, y para ello lleva una botella con aguardiente y la toalla para secarle. De nuevo al caer la tarde vuelven a recorrer las calles del pueblo para finalizar en la plaza, esperando la llegada de la siguiente jornada.
El día 3 vuelve a ser el día grande para Almonacid del Marquesado, pues se celebra a San Blas, el patrón al que tanta devoción profesan. Los actos son los mismos que los del día anterior, pero la diferencia está en la mitra que llevan y que es de color rojo para todos con bordados, haciendo referencia al obispo San Blas. Los diablos repiten los mismos ritos que el día de la Candelaria: danzan en el interior de la iglesia, acompañan al santo en procesión con sus danzas y el sonido de los cencerros, lanzan “vivas” a San Blas, y sobre todo lo viven con la misma intensidad o incluso más por ser el último día de la fiesta y a partir del que comienza otra cuenta atrás de 365 días.
De mi visita a esta fiesta me quedo con las palabras que un diablo de edad avanzada dirigió a otro más joven que quizás sería su hijo o su nieto. Abrazándole le dijo: “¿Podré el año que viene? ¿Podré?...”. Vemos como los almonacideños nacen y mueren con la endiablada corriendo por sus venas, es su mayor seña de identidad.







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lunes, 3 de febrero de 2014

LA FIESTA DE SAN BLAS Y LA TRADICIÓN DE “EL RAMO” EN FUENSALIDA


Cada 3 de febrero, la localidad toledana de Fuensalida honra a su patrón San Blas, con una tradición muy antigua y peculiar. Se trata de “El Ramo”, un juego de cartas mediante el cual quienes participan prueban suerte para obtener alguno de los productos de caza o las tradicionales roscas de San Blas.
El 3 de febrero por la mañana, en el salón parroquial, los fuensalidanos se congregan para cumplir una de sus más arraigadas tradiciones. Las piezas de caza de la zona, como liebres, perdices y conejos, junto con las tradicionales roscas de pan con anises, son los premios que los participantes de este peculiar juego pueden conseguir. Se colocan mesas largas en torno a las cuales se sitúan los participantes. Los encargados del “ramo” recogen el dinero de los jugadores, y uno de ellos va repartiendo cartas a todos hasta completar cuatro cartas cada uno. Si uno de los participantes obtiene una carta de cada palo de la baraja española, se dice que ha hecho “quínola”, y se lleva las roscas como premio. Si obtiene las cuatro cartas del mismo palo, se dice que ha hecho “flor”. La cantidad de roscas varía dependiendo del número de participantes de cada partida, si por ejemplo hay seis jugando, seis serán las roscas que el ganador se lleve. Cuando en una misma jugada coincide que uno tiene “quínola” y otro “flor”, se lleva el premio este último por considerarse de mayor importancia sacar la “flor”. En otras de las mesas se distribuyen las piezas de caza por las que también se juega siguiendo el mismo procedimiento que con las roscas. Llama la atención ver como en este día los fuensalidanos pasean sus roscas ensartadas en los brazos. Es señal de que el azar se ha presentado de manera favorable.
A las 11 de la mañana tiene lugar la procesión de San Blas por las calles de Fuensalida. Este santo mártir, obispo de Sebaste, es uno de los más venerados en la cristiandad por ser considerado intercesor ante cualquier mal de garganta. Por ello, la bella imagen que Fuensalida venera en su iglesia parroquial, representa al santo llevándose una mano a la garganta. Delante de la imagen se colocan una especie de palos verticales sujetados por una estructura, donde los fuensalidanos ensartan las “gargantas” de cera adornadas con lazos rojos, como ofrenda al santo para que les proteja la garganta durante todo el año, o como exvoto por haber alcanzado algún favor. Terminada la procesión, tiene lugar la santa misa para más tarde llegar a uno de los momentos más esperados por todos: la subasta del “ramo”, que se trata de una rama de chaparro de la que cuelgan roscas, conejos, perdices y liebres. Curiosamente, en Portillo de Toledo, pueblo muy cercano a Fuensalida, también se subasta el ramo días antes, el día de la Virgen de la Paz, con la diferencia de que en este lugar procesiona en andas delante de la Virgen.
También en la fiesta de San Blas en Fuensalida es tradicional el baile de las seguidillas después de la subasta del “ramo”. Antiguamente a través de esta pieza del folklore local se narraban los acontecimientos que habían tenido lugar durante el año en el pueblo. Un grupo de folklore las ha recuperado recientemente en un trabajo discográfico, manteniendo viva de esta manera una parte fundamental de la fiesta de San Blas.

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Roscas de San Blas

Detalle del Ramo

La imagen de San Blas en procesión




Gargantas de cera que se ofrecen al santo