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lunes, 30 de junio de 2014

LAS DANZAS DE LA OCTAVA DEL CORPUS EN VALVERDE DE LOS ARROYOS


Valverde de los Arroyos se sitúa a los pies del Pico Ocejón, en un enclave digno de admirar por la belleza de sus paisajes y por lo característico de sus construcciones, a base de pizarra, que dan al lugar la merecida fama que tiene. Se halla este bello enclave en plena ruta de los Pueblos de la Arquitectura Negra, en la provincia de Guadalajara, y guarda tesoros que no dejan de sorprender a vecinos y foráneos.
Hablar de Valverde de los Arroyos es hablar de belleza paisajística, de aire puro, de remanso de tranquilidad… Hablar de Valverde es hablar de tradición, de ritos singulares que, perdidos en la noche de los tiempos, cada año, el domingo siguiente al de Corpus Christi, son perpetuados por ocho danzantes y un botarga, dando lugar a una de las más bellas manifestaciones festivas de la provincia de Guadalajara y, cómo no, de España.
Hablamos de la famosa fiesta de la Octava del Corpus o de los Danzantes, que se celebra en Valverde en honor al Santísimo Sacramento. La fiesta, de orígenes inciertos como muchas otras de similares características, pudo ser un ritual de acción de gracias por el florecimiento de las cosechas, o de llamada a la fertilidad, enmarcado probablemente en las celebraciones que tenían lugar en los días próximos al Solsticio de Verano. De ahí, el colorido de su atuendo y sus danzas rituales, clara llamada a la prosperidad de las tierras. Pero como toda fiesta de origen pagano, llegado un punto, se sacralizó con la inminente presencia de la religión cristiana, llegando como es el caso de esta de Valverde a intervenir el Papa. Y es que se tiene constancia documental de que Paulo V, allá por el siglo XVII, otorgó a los Danzantes de Valverde una Bula mediante la cual les permitía danzar ante el Santísimo con sus cabezas cubiertas con el tradicional gorro de flores. Y es que lo normal, en señal de respeto, es descubrirse tratándose de la presencia real de Cristo. Por tanto, como vemos, estas danzas ya siglos atrás tuvieron su importancia y consideración por parte de las altas esferas eclesiásticas, perdurando con el paso de los tiempos y llegando hasta nuestros días con todos los elementos que desde el principio las caracterizaron.
La Danza la componen ocho Danzantes y el Botarga correspondientemente ataviados y caracterizados. El hecho de ser danzante o botarga, viene marcado por el ciclo vital, pues se trata de una costumbre que pasa de padres a hijos, sin romper la línea sucesoria que se perpetúa de generación en generación. El traje de los danzantes se compone de camisa blanca y pantalón blanco adornado en sus partes inferiores con puntillas. Sobre el pantalón una falda que recibe el nombre de sayolín, de color rojo con pasamanerías y pequeños motivos en color blanco. Sobre la falda y anudado a la cintura llevan un vistoso mantón de manila de color negro ricamente bordado con motivos vegetales de colores. Llevan un pañuelo de colores anudado al cuello a modo de corbata, y sobre los hombros flores rojas cosidas. En la espalda y sobre la camisa, llevan una serie de cintas ricamente decoradas de varios colores. En los codos se anudan cintas de color rojo, y sobre su pecho cruzan una cinta ancha roja igualmente. Remata el atuendo el característico y vistoso gorro de flores, que imita una mitra episcopal que se decora profusamente con flores de varios colores y espejos con forma circular. Se sujetan con cintas que pasando por debajo de la barbilla se unen a ambos lados del gorro. Calzan zapatillas blancas con suela de esparto y cintas negras. Se sirven de castañuelas y palos para marcar el ritmo de las danzas.
El botarga es una figura muy extendida en gran parte las fiestas de la provincia de Guadalajara. Viene a representar un personaje grotesco que atemoriza a niños y mayores, y que arremete en algunas ocasiones con las féminas, siendo esto un claro símbolo de fertilidad. En la mayoría de las festividades donde hace acto de presencia, lleva máscara y se encarga de mantener el orden dentro del grupo. Suele portar una porra o cualquier otro elemento de tipo fustigador, símbolo de su autoridad. En el caso de la botarga de Valverde de los Arroyos, encontramos que prescinde de la careta y va a cara descubierta. En este pueblo realiza las funciones de alcalde de la danza, siendo el que inicia y va marcando el transcurso de la misma. Su vestimenta es muy llamativa, viste un traje de paño compuesto por chaqueta y pantalón cuarteados con piezas de colores alternos, fundamentalmente amarillo, verde, rojo y marrón, colores rituales muy ligados a la naturaleza, al fuego, a la tierra… lleva camisa blanca y tradicional pañuelo de colores anudado al cuello a modo de corbata como el resto de los danzantes. Sobre la cabeza lleva una gorra de los mismos colores que el traje, rematada en una borla. Lleva unos palos, similares a las baquetas que porta el gaitero, con las cuáles amenaza a los chiquillos y pone orden durante las celebraciones.
Van acompañados los danzantes por el gaitero, que vestido elegantemente con traje de chaqueta y corbata, porta el tambor y la flauta, con los que ameniza las distintas danzas.
El día grande de la fiesta es el domingo. A media mañana los danzantes y el botarga entran en la iglesia para asistir a la celebración de la Santa Misa. Se colocan a ambos lados del altar mayor presidiendo la celebración, con sus gorros puestos en todo momento. Mientras el botarga recorre la iglesia intentando mantener orden y respeto, saliendo de la misma si es necesario en el momento que quienes esperan afuera suban el tono o formen alboroto. Acabada la Misa, el sacerdote coloca en la custodia el Santísimo Sacramento y da paso a la procesión. Abre el cortejo la gran bandera de la parroquia, formada por un mástil de varios metros y por un gran paño de tono granate con remates dorados; sigue el estandarte de la Cofradía de los Hermanos del Señor, y tras éste el curioso ramo formado por un mástil y una estructura con forma redonda compuesta por varias ramas, de las que penden multitud de apetitosas roscas bañadas en clara de huevo, que después de la procesión serán subastadas. Tras el ramo sale el botarga y el sacerdote con la custodia bajo palio, que es escoltado por los ocho danzantes. Durante todo el transcurso de la procesión el gaitero ejecuta un repetitivo toque de tambor de ritmo continuo y rápido. Al llegar a la plaza tiene lugar la primera de las paradas ante un altar en el que el sacerdote hace la bendición con el Santísimo.
Terminada esta, la comitiva se dirige a las Eras donde tiene lugar uno de los momentos álgidos de la procesión, ya que en este lugar los danzantes llevan a cabo diversas danzas. El sacerdote deposita la custodia en un altar, y el botarga y los danzantes se colocan en el espacio habilitado para ejecutar sus danzas. El escenario no puede ser mejor, con el Ocejón al fondo como telón y con el verdor de la sierra como alfombra, tiene lugar la danza conocida con el nombre de “la Cruz”. El botarga inicia la danza y va recogiendo uno por uno a los danzantes que le siguen danzando al son del tambor y la flauta. De esta manera, y tras varios quiebros y cruces en la danza, se disponen en forma de cruz. Repiten la maniobra en varias ocasiones, acabando con un enérgico ¡Viva Jesús Sacramentado! que pronuncia el botarga ante la custodia.
De nuevo la procesión vuelve al templo y los danzantes se dirigen a la plaza donde tendrán lugar las otras danzas y la puja por las rosquillas del ramo. Primeramente ejecutan una danza de paloteo en la que se entrecruzan con gran destreza haciendo chocar sus palos, y que nos recuerda a una lucha guerrera, de donde normalmente toman origen estos paloteos. Tras esta danza tiene lugar la puja de las roscas que previamente se han quitado del ramo que las portaba para trasladarlas hasta la plaza. Son los danzantes los que se encargan de dirigir la puja, pagando la gente cantidades de dinero por hacerse con alguna de las roscas. Terminado este acto tiene lugar la danza del Cordón en la que los danzantes trenzan varias cintas de colores en torno a un palo que sostiene el botarga, demostrando nuevamente su gran destreza. Se trata de un trenzado peculiar, no el que estamos acostumbrados a ver en otras fiestas, sino más complicado, pues resulta un trenza doble que une las cintas trenzándolas de dos en dos.
Terminadas las danzas, y junto al pórtico de la iglesia tiene lugar “la loa”, una especie de auto sacramental que es también pieza fundamental de la fiesta de la Octava, y cuya representación corre a cargo de los jóvenes del pueblo. Las loas son también una tradición muy extendida en la provincia de Guadalajara, destacando la Loa de San Acacio en Utande y la Loa de la Virgen de la Hoz en Molina de Aragón. Cada año la loa de Valverde tiene una temática diferente, siempre con el fin de adoctrinar y de ofrecer una moraleja con fines catequéticos.
Por la tarde de nuevo los danzantes harán la muestra de sus danzas a petición del público, finalizando así con su antigua fiesta que cada año atrae a vecinos y visitantes hasta este precioso enclave de la sierra de Guadalajara.




El tambor que ameniza las danzas

Preparado para el paloteo

El ramo con las roscas precede la procesión

Danzas en las Eras

El Botarga encabeza la danza

Formando la Cruz

Danza de la Cruz

Los danzantes escoltan a la custodia

Paloteo en la plaza

Rifa de las roscas

Danza del cordón o de las cintas

Trenzando el palo
 
*Todos los textos, así como las imágenes y archivos de vídeo son propiedad del autor.

lunes, 23 de junio de 2014

LOS “DIABLUCOS” Y LA FIESTA DEL CORPUS EN HELECHOSA DE LOS MONTES


En la bella comarca de la Siberia extremeña, se encuentra el pueblo de Helechosa de los Montes que, llegadas las fiestas del Corpus, se transforma por completo para cumplir con una de sus tradiciones más antiguas y queridas.
El Corpus Christi de Helechosa destaca por su sabor tradicional, pues se trata de una celebración que aúna ritos y sentimientos que dan como resultado una fiesta muy colorista y de mucho significado para las gentes del lugar. La fiesta se celebra en Helechosa el Domingo de Corpus y el domingo de la Octava, es decir, al siguiente. Son varios los momentos por los que destaca, pero hay un aspecto por el que esta fiesta se convierte en única: la presencia de los “Diablucos”. Estos personajes representan las fuerzas del mal, el diablo. Me cuentan que antiguamente solían ser dos los que participaban en la fiesta, y que incluso en alguna ocasión la Hermandad se vio obligada a pagar a gente para que desempeñara el cargo. En la actualidad son varios los “Diablucos” que participan, asegurando así la pervivencia de la tradición. Son el principal elemento desestabilizador de la fiesta en honor a Jesús Sacramentado y muy probablemente su presencia, al igual que la de otros personajes de similares características en otras fiestas, tenga origen en otros ritos antiguos de carácter pagano, enmarcados dentro del Solsticio de Verano, y que sufrieron un importante sincretismo con la llegada del Cristianismo, derivando en la actual fiesta del Corpus. Visten de una manera muy pintoresca con monos de color rojo con botonadura negra y roja, que además llevan capucha de color negro y una especie de trenza que va desde la cabeza hasta el final de la espalda y que se remata con una borla que hace referencia al rabo del diablo. Sin duda el elemento más vistoso de todo el atuendo son las máscaras que portan los “Diablucos”, de tonos negros y rojos, con aspecto demoníaco y con cuernos. Completan el traje unos cascabeles cosidos en la parte baja de los pantalones que advierten de su presencia y que representan lo ruidoso del pecado, los placeres del mundo que siempre se nos presentan con una llamada atractiva pero engañosa. Llevan colgada del cinturón una calabaza seca, que bien puede ser un elemento relacionado con la fecundidad, pues desde antiguo este fruto ha tomado esta simbología, debido a que contiene gran cantidad de pepitas que hacen referencia a esa fertilidad, al igual que otros frutos como la granada. Por un lado esta fecundidad podría referirse a la de la mujer, y definirse la calabaza como elemento fálico, y por otro podríamos encontrarnos ante un rito de fertilidad de la tierra, es decir, de llamada a las buenas cosechas que en esta época del año se encuentran en todo su apogeo. También la calabaza en el mundo cristiano, que en este caso es el que nos atañe, simboliza la vanidad y la brevedad de la vida por tratarse de un fruto que crece y se estropea muy rápido. En este sentido vendría a referirse al pecado, que en vida nos ofrece toda clase de placeres pero que llegada la muerte todo se esfuma rápidamente. En contraposición está la Vida Eterna que nos viene dada por Dios después de la muerte. Así encontramos seres opuestos: los “Diablucos” que encarnan el pecado, y el Santísimo Sacramento que anuncia esa Vida Eterna. Dos de ellos portan grandes tambores con parche de piel, mientras el resto portan las tradicionales castañuelas de forma picuda con las que van marcando el ritmo de la danza, y que nuevamente se refieren a lo ruidoso del pecado que se muestra siempre llamativo. Completa el atuendo el calzado de color blanco.
Otra parte fundamental del Corpus de Helechosa son los altares que los vecinos colocan en diferentes puntos del recorrido de la procesión. Normalmente estos altares son fruto de una promesa, es decir, una persona que se ha encontrado en un trance complicado, ofrece al Santísimo Sacramento preparar un altar para el día del Corpus. Estos altares son dignos de ver, pues se decoran muy ricamente con colchas bordadas, sábanas, manteles, mantones, reposteros, imágenes religiosas… pero si por algo destacan es por la cantidad de alimentos y ofrendas que en ellos encontramos. Corderos, palomas, cestas de frutas y verduras, botellas de vino, frutas en conserva, cantidades de dinero en billetes y dulces de todas las clases adornan estos altares. Entre los dulces encontramos algunos de los más típicos de Helechosa como son las flores, la candelilla, los canutos, las rosquillas… Se completa la decoración con gran cantidad de plantas y flores que dan una impresionante vistosidad al conjunto. Después todos esos productos son subastados en la tradicional “almoneda” que tiene lugar por la tarde y en la que los vecinos pujan por conseguir alguno de esos manjares, siendo el total de la recaudación para la Hermandad del Santísimo.
Todas las calles por las que pasará la procesión se adornan con colgaduras, sábanas que a modo de palio cubren el paso de la Custodia, pendones, ramas de árboles, palmas… Y todas se alfombran con helechos, y plantas aromáticas que dan gran vistosidad al paso del cortejo.
Como decía, los “Diablucos” son protagonistas en esta fiesta. El domingo de Corpus por la mañana, antes de la misa, y cuando ya está todo el pueblo engalanado, salen con la cara descubierta a recorrer las calles de Helechosa haciendo sonar los tambores y las castañuelas. Este recorrido puede hacer referencia al deseo del maligno de impregnar todas las calles por las que pasará el Santísimo, y que finalmente quedarán bendecidas y purificadas. Es en este momento cuando recogen al mayordomo de la cofradía y a las autoridades en sus domicilios, dirigiéndose por último a la casa del señor cura, quien les ofrece un refresco antes de partir a la iglesia, y les hace entrega de las máscaras que tenía guardadas en su casa. Al llegar la comitiva a la puerta de la iglesia, los “Diablucos” comienzan su incesante danza ritual y se colocan en la puerta componiendo un arco con sus brazos, por el que han de pasar el sacerdote y las autoridades. Antes de entrar en el templo, los “Diablucos” han de dejar sus máscaras fuera de la iglesia, y las cuelgan del gran cerrojo de la puerta, para ponérselas de nuevo finalizada la Misa. Durante la celebración eucarística hacen acto de presencia destacando el momento de la Consagración, en el que ante la presencia real del Señor, golpean enfurecidos sus instrumentos, impidiendo que los fieles escuchen las palabras que el sacerdote pronuncia en ese instante. Acabada la Misa se vuelven a poner las máscaras y da comienzo la procesión del Santísimo bajo palio al que ellos preceden ejecutando su danza. La danza consiste en dar enérgicos brincos acercándose y alejándose del sacerdote que porta la custodia. Se acercan primeramente de frente, y al llegar ante el Santísimo Sacramento hacen una especie de reverencia, haciendo referencia al triunfo del bien sobre el mal, pues la presencia del Señor les incomoda; después marchan hacia delante dando la espalda. La procesión se va deteniendo en todos y cada uno de los altares donde el sacerdote bendice con el Santísimo. Mientras tanto los “Diablucos” son obsequiados con bebidas por parte de los vecinos que han preparado el altar, para que aparte de descansar, no interrumpan el momento de la bendición y no distraigan a los fieles. La procesión vuelve a la iglesia, pero los “Diablucos” –el mal- no se han dado por vencidos ante la santificadora presencia del Señor. Será cuando la Custodia haya llegado al interior del templo, cuando salgan de forma atropellada y a la carrera a la calle, habiendo sido derrotados, triunfando el bien, identificado en la presencia real de Cristo.
Al domingo siguiente, en la fiesta conocida como “la Octava”, los “Diablucos” de la misma manera vuelven a hacer su aparición, dando así por finalizada esta curiosa e interesante fiesta que Helechosa de los Montes celebra cada año con la misma devoción.
Agradezco la colaboración de mi amigo Julián Carril, sacerdote hijo de Helechosa, que me ha aportado información sobre esta fiesta.
Frutas y verduras ofrcidas en un altar

Los "Diablucos" se dirigen a la casa del cura

Ofrenda de un cordero

Dos pichones en uno de los altares

Los frutos de la tierra se ofrecen al Señor en Helechosa

El cura entrega las caretas a los "Diablucos"

Las máscaras aguardan colgadas en la puerta durante la misa

"Diabluco" ante la custodia

Precioso altar de ofrendas

Los vecinos de Helechosa sacan sus mejores galas

Las típicas castañuelas de los "Diablucos"

Ofrenda de tipo económico en uno de los altares

La calabaza que portan en la cintura los "Diablucos"
 
La típica máscara de "Diabluco"
 
*Todos los textos, así como las imágenes y archivos de vídeo son propiedad del autor.

viernes, 20 de junio de 2014

DANZANTES Y PECADOS DE CAMUÑAS


El Corpus Christi en Castilla-La Mancha es una fiesta que cuenta con un importante arraigo y con siglos de tradición. Pueblos y ciudades hacen un alto en el calendario para celebrar esta singular fiesta que cuenta con muchas y variadas manifestaciones en esta región. En las cinco provincias que la componen se celebra esta fiesta, unas veces de manera similar y otras de manera diferente destacando ritos que se pierden en la noche de los tiempos, manifestaciones artísticas de gran plasticidad, autos sacramentales… De esta manera, y abriendo la lista, tenemos el caso del Corpus de Toledo, reconocido en el mundo por su impresionante y solemne cortejo procesional, seguido de otros muchos lugares que cumplen con esta tradición. Las alfombras de Elche de la Sierra en Albacete, los altares del Corpus de Lagartera, las danzas de Porzuna en Ciudad Real, los danzantes de la Octava de Valverde de los Arroyos en Guadalajara… son entre muchas otras manifestaciones, una muestra de la importancia de la fiesta del Corpus en la región castellanomanchega.
Pero en esta ocasión me detendré en una de ellas solamente, por su complejidad ritual, por su historia, por su añeja tradición… Me refiero a los Pecados y Danzantes de la localidad manchega de Camuñas, en la provincia de Toledo. Se trata de una fiesta que este pueblo toledano viene celebrando durante siglos sin conocer la fecha exacta de sus comienzos, y en la que se rinde tributo al Santísimo Sacramento. Se trata de un auto sacramental que probablemente hunda sus raíces allá por el siglo XV, momento en que este género teatral comienza a ser reconocido y a proliferar con una finalidad catequética y doctrinal. Este de Camuñas tiene como fin representar el Triunfo de la Gracia sobre el Pecado, esto es, el triunfo del bien sobre el mal, adoctrinando a los que lo presencien e invitándoles a alejarse del pecado para alcanzar un estado pleno de gracia. Es la fiesta más grande que celebra Camuñas, y que está por encima de cualquier otra celebración que contemple su calendario festivo. Fe, devoción, respeto y amor por sus tradiciones, son las palabras que mejor califican el sentir de todo un pueblo que se vuelca en los que son sus días más grandes.
El Corpus de Camuñas es uno de los mejores ejemplos de una tradición bien conservada, han sido muchos los estudiosos y aficionados a las fiestas y tradiciones de nuestro país, los que nos hemos acercado hasta esta localidad a presenciar su impresionante danza ritual, el colorido de sus atuendos, lo enigmático de sus peculiares caretas, el ritmo de sus instrumentos que bien puede asemejarse a sones tribales… En líneas generales me acercaré a una descripción de esta fiesta y de los personajes que en ella intervienen, pues detenerme en cada detalle de manera minuciosa, me daría para escribir un libro como ya han hecho muchos conocedores de esta fiesta, que han sacado a la luz importantes obras sobre la fiesta del Corpus de Camuñas.
La fiesta, como pieza teatral que es, consta de varios actos, de los cuáles me detendré en los propios del día grande de la fiesta, en este caso el Jueves y el Domingo de Corpus. En ella intervienen dos grupos de personajes jerarquizados y bien diferenciados entre sí a través de sus funciones y atuendos: los Pecados y los Danzantes.
Hablaremos primeramente de los Danzantes, el grupo que representa el Bien, y que está compuesto por la Gracia, las virtudes teologales y las cardinales, y las almas que pasan por el filtro purificador de la Gracia escapando de las fauces del pecado. Los máximos mandatarios de este grupo, guiándose por la antigüedad en la pertenencia a la cofradía son: el Capitán que representa a la Caridad, el Alcalde que representa a la Esperanza, y el Judío Mayor que encarna a la Fe.
La Gracia, también conocida con el nombre de Madama por su vistoso atuendo femenino, sería uno de los personajes centrales de toda la representación, pues es el motor que mueve a las almas (danzantes) a abandonar el pecado. Lleva una falda de tono ocre, camisa, toca, medias y zapatillas blancas, mandil, y una prenda que recibe el nombre de gavineta sobre la cabeza unida a la tradicional careta de la que pende un pañuelo que cubre su espalda. Porta unas castañuelas ricamente decoradas con madroños con las que marca el ritmo incesante de la danza.
La Caridad viste pantalón corto, chaqueta, medias y zapatillas, todo ello de color negro. A la cintura lleva ceñida una faja roja, y sobre los hombros lleva valona de color blanco aderezada con vistosos lazos que cuelgan sobre el pecho. Lleva también la gavineta y la careta con el pañuelo que cubre la espalda, y por su condición de “Capitán” porta una larga vara rematada con múltiples cintas y escarapelas de colores.
La Esperanza o “Alcalde”viste chaqueta y pantalón corto negros, medias y zapatillas blancas y faja azul. Al igual que los personajes anteriores, lleva careta, gavineta y pañuelo. Porta en una mano unas sonajas con las que marca el ritmo acompañado del resto de los danzantes, y en la otra una vara.
La Fe o “Judío Mayor” lleva pantalón blanco ornamentado en su parte inferior con cintas cosidas haciendo formas geométricas, chaqueta, valona con cinta, y zapatillas blancas. En el costado izquierdo porta un gran pañuelo blanco con una escarapela central del que pende otro más pequeño de colores. Lleva también gavineta, careta y pañuelo como lo harán el resto de personajes que iremos viendo. En una mano lleva las ya mencionadas sonajas y en la otra un pañuelo que agita en momentos puntuales de la danza.
La Justicia, también denominada “el del cordel”, se diferencia del resto de los danzantes por el cordel que cruza sobre su pecho, del que recibe el nombre. Este elemento se empleaba para mantener el orden entre el grupo, usándolo como instrumento de castigo si algún miembro incumplía las normas.
La Prudencia o “tras de guía”, recibe su nombre porque sigue al miembro que inicia la danza tras la Madama, y que es “el del cordel”.
La Fortaleza, más conocido como “el de la Porra”, recibe su nombre de uno de los instrumentos que componen el son de la danza. La porra se compone de dos partes que al ser golpeadas entre sí emiten un característico sonido que junto al tambor, las castañuelas y las sonajas va marcando el ritmo de la danza.
La Templanza o “el del tambor” es pieza fundamental en la representación, pues va marcando el ritmo central de la danza. Es el único personaje que no danza, a diferencia del resto de los componentes del auto sacramental.
El resto de los danzantes representan a las almas que van quedando purificadas por la Gracia o Madama. Todos portan las peculiares sonajas con las que van marcando el ritmo de la danza.
Por otro lado está el grupo de los Pecados, la otra parte fundamental de la representación, e igualmente jerarquizada. Estos encarnan el mal, el pecado, y son varios personajes: Demonio, Carne y Mundo, los siete Pecados Capitales, y otro grupo de personajes que representan el mal. Lo mismo que hemos visto en el grupo de danzantes se repite en este otro, es decir, hay tres componentes que marcan su autoridad por encima del resto: la “Pecadilla” representa la Carne, el “Pecado Mayor” representa al Demonio, y “El de la Correa” que representa al Mundo.
La Carne, también llamada “Pecadilla”, viste pantalón blanco decorado con cintas cosidas y cascabeles, medias y zapatillas blancas. Lleva chaqueta de color negro, la gavineta y sobre esta la careta, la valona con el lazo sobre el pecho, y un pañuelo que le cae sobre la espalda decorado con la Cruz de Malta. Porta una vara decorada en su extremo superior con cintas de colores y cascabeles, símbolo de la llamada a los placeres mundanos para atraer a las almas.
El Demonio o “Pecado Mayor” viste atuendo negro con valona blanca y lazo de color morado, faja de color morado de la que penden a ambos lados sendos madroños de lana. Porta como el resto, gavineta y careta, siendo esta última especial y diferente a las demás, pues se trata de una cabeza de cerdo que hace alusión a la más absoluta ponzoña, al pecado más inmundo. De la careta pende otra prenda singular de estos atuendos y que recibe el nombre de serenero, que cae hasta las corvas y va decorada en este caso con las Cruces de Malta. Porta además la vara, que está compuesta por garfios metálicos, y decorada con cintas de colores, y que hace alusión al tridente del demonio.
El Mundo o “El de la correa”, viene a desempeñar la misma función que “el del cordel” del grupo de Danzantes. Recibe su nombre de la correa que porta y con la que en otro tiempo aplicaba disciplina a los miembros del grupo que se saltaban las reglas. El atuendo viene a ser el mismo que el del Pecado Mayor, diferenciándose en la careta que en este caso es roja y lleva cuernos. El serenero es de color rojo y lleva las Cruces de Malta mencionadas anteriormente.
El resto de los componentes de los Pecados harían referencia a los siete pecados capitales y otros vicios mundanos, y llevan un atuendo similar al que lleva “el de la correa”. La diferencia es que los sereneros que estos portan son totalmente diferentes entre sí, escogiendo cada uno el motivo que desee a la hora de decorarlo, siendo generalmente motivos religiosos y relacionados con la Eucaristía. Se trata de una prenda que aporta gran vistosidad y colorido a la representación, y que junto a las caretas, podríamos decir que son el máximo distintivo de los Pecados.
También forman parte del grupo de pecados una serie de personas que portan escopetas con las que disparan en los momentos en que los Pecados entran en escena.
El desarrollo de la representación queda dividido en varias partes bien diferenciadas y que en la actualidad se reparten entre la víspera del Corpus, el Jueves de Corpus y el Domingo de Corpus o de Infra-Octava. El miércoles por la tarde ambos grupos entran en escena, siendo los Danzantes los que van en busca de los Pecados para más tarde recoger a las autoridades y asistir a Vísperas, donde tiene lugar uno de los actos centrales del auto sacramental, y que se conoce con el nombre de “Tejer el Cordón”. El grupo de Danzantes accede a la iglesia para representar la purificación de las almas de la mano de la Gracia que acompañada del resto de personajes principales que representan a las virtudes teologales y cardinales, van evolucionando con sus danzas en el pasillo central de la iglesia. Se llama a este acto “tejer el Cordón” por la forma en que se desarrolla la danza, asemejándose a la realización de una trenza y a su descomposición, volviendo cada personaje a su lugar de origen. Mientras se produce este acto, los Pecados aguardan a las puertas del templo y ante los disparos de escopetas comienzan a arrastrar sus varas en el suelo y a emitir aullidos, simbolizando la llamada al pecado de las almas que dentro están siendo purificadas. Ya el Jueves, el día grande de las celebraciones, los Danzantes y los Pecados se dirigen de nuevo a la iglesia, quedando éstos últimos fuera y entrando los Danzantes realizando su danza hasta el comienzo de la Misa. Durante la Eucaristía, los Pecados permanecen en el exterior aullando y arrastrando sus varas, esperando el comienzo de la procesión.
Los danzantes salen del templo con el rostro cubierto por las caretas y haciendo sonar sus instrumentos, y se dirigen a la plaza del reloj donde tendrá lugar uno de los momentos de mayor intensidad de la fiesta. Accede el Santísimo Sacramento a la plaza en la Custodia, y los Pecados aguardan para entrar en escena e intentar enturbiar la presencia de Jesús Sacramentado y queriendo entorpecer la tarea purificadora que la Gracia lleva a cabo con las almas. Los pecados mediante apresuradas carreras y brincos finalmente caen postrados ante el Sacramento al llegar ante el altar. Los Danzantes por su parte se disponen a “Tejer el Cordón” nuevamente, como ya lo hicieron en las Vísperas del día anterior. Cuando todas y cada una de las almas han sido alejadas del pecado, la Templanza intensifica los toques del tambor, y todos los danzantes agitan sus pañuelos blancos simbolizando el triunfo de la Gracia sobre el pecado. La procesión con el Santísimo Sacramento prosigue por las calles de Camuñas ricamente adornadas para recibir la presencia real de Jesucristo.
De esta manera perpetúa Camuñas su antigua tradición, para deleite de vecinos y visitantes. Tuve la gran suerte de acudir el pasado año, y sin duda he de decir que se trata de una de las fiestas más vistosas y complejas en cuanto a contenido se refiere, de las muchas que he visitado. Siempre hemos oído decir que “después de Roma, Toledo”, y en cuanto a Corpus se refiere, es de justicia afirmar que “Después de Toledo, Camuñas”.
Madroños en el atuendo de un Pecado

La Custodia por las calles de Camuñas

El Mundo o "el de la correa"

Los Pecados rendidos ante el Santísimo

Danzantes y Pecados

Pecado

Pecado esperando el paso de la procesión

*Todos los textos, así como las imágenes y archivos de vídeo son propiedad del autor.