Bienvenidos a OBJETIVO TRADICIÓN, un proyecto que se basa en el estudio y la divulgación del patrimonio cultural inmaterial tan rico que posee España. Te invitamos a conocerlo a través de los ritos, costumbres, fiestas, tradiciones, folklore... que traemos hasta este espacio. ¡Gracias por tu visita!

martes, 23 de septiembre de 2014

LA PROCESIÓN DEL CRISTO DE LA SALA DE BARGAS


La localidad toledana de Bargas, anhela los 365 días del año la llegada del tercer domingo de septiembre, para cumplir con su tradición más preciada. Los bargueños celebran sus fiestas en honor al Santísimo Cristo de la Sala, imagen de gran devoción, a la que dedican un cariño muy especial.
Son varios los momentos que componen esta fiesta, pero sin duda, el de mayor arraigo y antigüedad, es la solemne procesión que tiene lugar el domingo entrada la noche. No es una procesión cualquiera, sino que se trata de una amalgama en la que todos los sentidos toman parte. La tradición manda que el Santo Cristo recorra las calles de Bargas acompañado por las mujeres bargueñas ataviadas con el elegante y antiguo traje de la localidad. Se trata de una joya de la indumentaria tradicional de nuestro país, un atuendo que ya usaron siglos atrás otras bargueñas, y que fueron dejando la bonita herencia a sus descendientes, para que jamás se perdiese tan bonita tradición.
El traje de bargueña se compone de enaguas, falda plisada larga, blusa, delantal negro del mismo largo de la falda con ricos bordados, y pañuelo blanco a la cabeza. Remata el atuendo el que sin duda diríamos que es el elemento de mayor vistosidad: el mantón de manila, que se coloca cruzado a la cintura, cayendo en pico sobre la espalda. Las bargueñas llevan esta prenda dispuesta con gran elegancia, formando varios pliegues por debajo de la nuca, lo que da gran vistosidad al conjunto. Y digo que se trata de una parte fundamental del traje de bargueña, puesto que suelen ser mantones muy antiguos, pasados de abuelas a madres y de madres a hijas, y que muchos cuentan con varios siglos de antigüedad. Las mujeres bargueñas sacan para ese día sus mejores joyas, luciendo preciosas arracadas, así como colgantes de oro y piedras preciosas. Los hombres también participan con su atuendo particular que se compone de pantalón de pana, blusón azul, y alpargatas con suela de esparto. Al cuello se anudan el típico pañuelo de hierbas, prenda muy representativa también muy presente en las fiestas de Bargas.
Tras varios años contemplándola, puedo decir que la procesión de Bargas es la “procesión de los sentidos”. El olfato se deleita con el intenso olor a tomillo que alfombra las inmediaciones de la iglesia para recibir al Santo Cristo. La cera, el olor a velas, a cientos de velas que los bargueños y bargueñas portan para dar luz a su Cristo, y que forman interminables hileras que alumbran en la oscuridad de la noche. Y un olor que me levanta el vello, que me emociona y que me transporta a siglos pasados: el olor a arca, a baúl, que desprenden los mantones al pasar las bargueñas. Ese olor que atestigua la antigüedad de estas prendas, de esos mantones testigos de muchas procesiones, cada año iguales pero distintas a la vez… Son el testigo callado del paso del tiempo, de la tradición cumplida año a año. Olor a tradición, a devoción, a fuertes señas de identidad que cada septiembre salen de los cofres para seguir cumpliendo años y rindiendo honores al Señor de Bargas… Olor a flores, a miles de flores que ornamentan la carroza del Santo Cristo, que es bandera y timón para cualquier bargueño.
La vista se embriaga de la luz que en la oscuridad desprenden las velas, de la luz que desprenden los preciosos mantones con sus ricos y coloridos bordados. Luz del blanco reflejo de los pañuelos sobre las cabezas de las bargueñas, que con el resplandor de las velas brillan aún más. La vista se emociona con los rostros que esconden miles de historias, miles de sentimientos, de promesas, de anhelos… La vista queda maravillada al contemplar la marea de mantones y pañuelos blancos, de pañuelos de hierba y blusones, de cirios, que avanza en interminables filas que, serpenteantes, unen las puertas del templo de principio a fin.
El tacto, el tacto de los pies contra el suelo de Bargas. Pies descalzos que cumplen promesas o que piden algún favor al Cristo. El tacto, el con-tacto, de lo humano con lo divino, de Bargas con el Cristo que, cada tercer domingo de septiembre le siente más cerca aún porque sale a bendecir su pueblo. Las piedras que pisan esos pies desnudos son pisadas inmediatamente por el Santo Cristo que recoge en cada paso peticiones y agradecimientos, el sentir de todo un pueblo que acude a él en todo momento.
Y así es como transcurre la inigualable procesión del Cristo de la Sala de Bargas, un auténtico acto de piedad popular , lleno de una vistosidad y un recogimiento que impresionan y que hacen a esta fiesta merecedora de todo tipo de halagos y piropos. Parece que el tiempo se detiene es esta procesión siempre de antaño y siempre de hogaño.
Los ricos mantones de Manila

Promesas

Bargueñas en la procesión

Comienza la procesión

Stmo. Cristo de la Sala de Bargas

Filas interminables de bargueñas


*Todos los textos, así como las imágenes y archivos de vídeo son propiedad del autor.

domingo, 14 de septiembre de 2014

“LA EMBARCACIÓN” DE FUENTIDUEÑA DE TAJO


 
El segundo sábado de septiembre del año 2008, tuve la gran oportunidad de viajar hasta el pueblo de Fuentidueña de Tajo, en la Comunidad de Madrid, y limítrofe con la provincia de Toledo. Allí, todos los años se cumple con una tradición que, según los escritos, data del siglo XIX, y que está estrechamente relacionada con la construcción de una barca que cruzaba las aguas del río Tajo. Se trata de la fiesta de “La Embarcación” de la Virgen de Alarilla, patrona de Fuentidueña, que es trasladada de una forma muy peculiar desde su ermita hasta el pueblo cada segundo sábado de septiembre.
Durante el día los fuentidueñeros acuden hasta la ermita de la Virgen a celebrar su romería, pero el momento más esperado se produce cuando entrada la noche, la venerada imagen es trasladada hasta el pueblo surcando las aguas del Tajo sobre una curiosa embarcación, de la que recibe su nombre la celebración. Se trata de una especie de barca compuesta por una plataforma sobre la que se levanta un torreón o castillo de cuatro caras, en cada una de las cuales se abren arcos de herradura califales y apuntados. La espectacularidad del conjunto la aportan los centenares de bombillas de colores que la adornan, y el mástil central sobre el que se eleva la pequeña imagen de la Virgen, rodeada por dos círculos igualmente iluminados.
Se trata de una procesión fluvial a la que asisten gran cantidad de devotos y espectadores para presenciar este acto tan peculiar. La embarcación es conducida por remeros que la guían hasta las inmediaciones del puente donde la Virgen es trasladada a su paso procesional. Durante todo el trayecto, cientos de personas acompañan a la patrona nadando, portando antorchas quienes abren el cortejo, lo cual concede gran vistosidad al momento. En las orillas del río se sitúan todos aquellos que quieren presenciar el paso de la sagrada imagen sobre su trono iluminado, que avanza entre constantes vivas y piropos que la dedican.
Cuando la embarcación llega a las proximidades del puente que cruza el río, los fuegos artificiales ponen el broche de oro al traslado, iluminándose todo el conjunto con las múltiples bengalas que cuelgan de la estructura. La Virgen es bajada de la embarcación para ser colocada en su carroza y, en procesión, ser trasladada hasta la parroquia del pueblo, donde tendrá lugar al día siguiente la celebración del día grande de las fiestas.
 
Realmente merece la pena contemplar como de entre la oscuridad surge refulgente la embarcación, cuya vela es la Santísima Virgen, timón y faro de los fuentidueñeros que desde hace muchos siglos la veneran. Emociona verla pasar por tu lado entre la ovación de sus hijos que la llaman “guapa” y “bonita”, cumpliendo así con un ritual que merece la pena presenciar.
La embarcación surca las aguas del Tajo

Llega la embarcación entre vivas a la Virgen de Alarilla

Virgen de Alarilla, Patrona de Fuentidueña de Tajo
 
*Todos los textos, así como las imágenes y archivos de video son propiedad del autor.

viernes, 12 de septiembre de 2014

LOS CASTILLOS HUMANOS DE HONTANAR


En plenos Montes de Toledo y dentro del Parque Nacional de Cabañeros, se halla Hontanar, pequeño pueblo serrano que cuenta con multitud de atractivos. Entre ellos destaca una tradición que celebra cada primer domingo de septiembre con motivo de las fiestas en honor a su patrón el Stmo. Cristo del Buen Camino.
Me refiero a los tradicionales castillos humanos que los hontanariegos levantan habilidosamente para honrar a su Cristo, en la tarde del domingo tras la procesión. Resulta curioso encontrarnos en esta zona con una tradición que, como sabemos, es más propia de Cataluña, donde abundan las collas y los castellers, que se hacen presentes en multitud de celebraciones. Aunque Hontanar es el único pueblo de la provincia de Toledo que en la actualidad mantiene esta curiosa tradición –al menos yo no tengo noticia de que se haga en otros lugares-, sí hubo algún que otro pueblo que la celebraba igualmente y que acabó perdiéndose. Es el caso de la localidad monteña de San Pablo de los Montes, cuyo término limita con el de Hontanar, y donde los castillos humanos los formaban los mozos la tarde del 14 de septiembre en el ofrecimiento al Cristo de la Veracruz. Esta tradición se perdió hace algunas décadas en San Pablo, allá por los años 60, pero tenemos la suerte de contar con fotografías antiguas que demuestran el peso que antaño tuvo la tradición entre los sampableños.
Hontanar, fiel a su tradición, no ha dejado de levantar sus castillos y torres humanas, si bien es cierto que en la actualidad ante la falta de jóvenes que habiten en el pueblo o vuelvan a él en las fiestas, la tradición se ha visto un tanto disminuída en cuanto a cantidad de castillos se refiere, pero se resiste a perderse. Me contaba el alcalde del pueblo que antiguamente eran los quintos los protagonistas de la fiesta, pues ellos eran quienes formaban los castillos y portaban la imagen del Cristo en la procesión. Recuerda la gran cantidad de jóvenes que se agrupaban para elevar los castillos humanos.
Los hontanariegos cumplen con su tradición de dos formas: levantando castillos humanos compuestos por varias personas, y torres humanas en las que una persona lleva sobre sus hombros –de pie o sentada- a otra persona. Esta última modalidad suele hacerse con los niños, que van subidos sobre los hombros de sus padres, inculcándoles de esta manera la antigua tradición.
Los castillos humanos por lo general son de dos pisos. En la parte inferior se suelen colocar cinco personas y en la parte superior cuatro. Hay otras que desde fuera ayudan a sujetar las piernas de las que están arriba para así ayudarles a mantener el equilibrio. Para formarlos se colocan junto a una ventana con rejas, a la que se van agarrando para ir componiendo cada una de las alturas del castillo. Las personas de constitución más fuerte y de mayor fuerza se colocan abajo, y las más menudas en la parte alta. El Cristo, que ha recorrido algunas calles del pueblo en procesión, queda colocado en un lateral de la plaza, donde tiene lugar el acto que se denomina “Ofrecimiento”. Una feligresa con un cestillo recoge los donativos que los devotos ofrecen al Cristo, al tiempo que les da a besar un crucifijo. Los castillos humanos avanzan varios metros hasta que llegan ante la imagen. Este desplazamiento es muy complicado, pues se emplea mucha fuerza, resistencia y destreza para evitar que ningún miembro se caiga al suelo y por consiguiente se rompa el castillo. Van avanzando describiendo círculos, el castillo va girando, para así conseguir mayor estabilidad. Es muy curioso ver como las personas que lo forman, llevan en su boca –como marca la tradición-  la moneda que tendrán que arrojar al cestillo. A los de la parte inferior se les da a besar el crucifijo, y a los de la parte superior la cruz parroquial, que una persona se encarga de acercar agarrándola por el mástil. Tras haber depositado con la boca el donativo cada uno de los componentes, el castillo vuelve al lugar en el que se formó, y valiéndose nuevamente de la ventana, se descompone.
Las torres humanas se suelen hacer con niños pequeños, que orgullosos, avanzan sobre los hombros de sus padres de pie haciendo equilibrio, o sentados, para ofrecer el donativo al Santísimo Cristo. Los adultos portan en este caso las monedas en la boca, y los niños en las manos, besando ambos el crucifijo.
De esta manera transcurre un largo rato en la plaza, por donde van pasando varios grupos de castillos ante la imagen del Cristo del Buen Camino. Una tradición muy curiosa, de la que Hontanar se siente orgulloso, por ser una fiesta única en todo el entorno, y que a pesar de los nuevos tiempos y del acuciante movimiento migratorio a otros núcleos de mayor población, se sigue manteniendo con el respeto y entusiasmo de antaño.

El Cristo del Buen Camino de Hontanar

Torre humana ante el Cristo

Ofrecimiento

Haciendo el Ofrecimiento

Levantando el castillo en una ventana

Ayudando a equilibrar el castillo

Los oferentes besan la cruz parroquial

Las monedas se portan con la boca
 
*Todos los textos, así como las imágenes y archivos de video son propiedad del autor.

jueves, 11 de septiembre de 2014

LA ROMERÍA DEL MILAGRO DE LAS VENTAS CON PEÑA AGUILERA


Cuando va mediando agosto, en el pueblo toledano de Las Ventas con Peña Aguilera, empieza a notarse en el ambiente cierto aire de impaciencia, de alegría, de emoción contenida… El sonido de los panderos inunda cuando cae la noche las calles de este pueblo monteño anunciando que “El Milagro”, como los venteños llaman a su romería, está cerca.
Desde hace varios siglos esta localidad ubicada en un precioso enclave de los Montes de Toledo, celebra cada primer fin de semana de septiembre su fiesta más querida y la de más tradición: la Romería de la Virgen de la Santa Cruz del Milagro. Una fiesta que pasa de generación en generación, que no muere, que llena los corazones de infinidad de familias que con orgullo se hacen llamar “milagreras”, porque cargan con mucho gusto y devoción con el peso de tan antigua y arraigada tradición.
La Romería del Milagro se compone de cantidad de ritos y momentos que la hacen única; desde que se empieza a anunciar con las rondas nocturnas, hasta que los carros vuelven al pueblo, se produce todo un ritual digno de ser contemplado.
En primer lugar habría que hacer referencia a los hermanos que componen la Hermandad de la Virgen del Milagro. Se dividen en dos grupos o categorías, los numerarios y los protectores, cuya principal diferencia es que éstos últimos tienen derecho a llegar a ser mayordomos de la Virgen. Los hermanos protectores se inscriben en una lista solicitando la mayordomía, a la que accederán por orden. Cada año se cambia de mayordomía, siendo cinco los mayordomos que salen elegidos, celebrándose el sorteo el uno de mayo en la pequeña romería que se celebra en honor a la Virgen. Se sortea el puesto de cada uno de los cinco mayordomos, siendo el representante el primero de ellos, que será quien transporte el estandarte de la Virgen del Milagro en el carro, en el camino a la ermita. Alrededor de la ermita se levantan los “ranchos”, cuartos o habitaciones que se asignan a los romeros por sorteo, reservando siempre cinco para cada uno de los mayordomos. Los hermanos protectores tienen el privilegio de ocupar los ranchos de la sombra, mientras que los numerarios se instalarán en los del sol. La figura de los mayordomos es muy importante, pues son quienes organizan la fiesta y se encargan del buen funcionamiento de la misma. Ellos tienen durante todo el año la llave de la ermita para dejársela a todo aquel que quiera subir al Milagro a venerar a la Virgen. Se encargan además del cuidado de la ermita y todos los enseres de la venerada imagen.
Otro elemento que juega un papel muy destacado en la romería son los carros, tradición que los venteños siempre han mantenido con mucho empeño. Estos carros se engalanan semanas antes de la romería con multitud de flores de tela y papel, en muchas ocasiones elaboradas de manera artesanal; con telas, cortinas, estampas, cuadros e imágenes de la Virgen… En ellos, según manda la tradición, van subidas las mujeres tocando los instrumentos y cantando las tradicionales “milagreras”. Son una auténtica obra de arte, y aportan un carácter muy pintoresco a la celebración, pues es preciosa la estampa que componen cuando van en hilera camino del Milagro. Como marca la tradición, todos los carros cuando salen el sábado por la mañana de Las Ventas camino de la ermita, han de dar tres vueltas a la plaza, pues según dice la letra de una “milagrera” se ganan las indulgencias:
Al llegar a la plaza
Se dan tres vueltas
Que dicen que se ganan
Las indulgencias
Cuando por la tarde llegan al Milagro, de nuevo el ritual se repite y se dan tres vueltas a la ermita.
El folklore es también pieza clave de esta celebración. Cuenta esta fiesta con unas coplillas y jotas tradicionales, de temática muy variada,  que se cantan durante toda la romería. Reciben el nombre de “milagreras”, y narran acontecimientos históricos referentes a la Virgen, hablan de la gran devoción que se la tiene en Las Ventas, de los diferentes momentos de la fiesta… Hay otras de carácter más desenfadado y con cierto tono picaresco que normalmente se cantan entre amigos y familiares en los ranchos, en los momentos de convivencia. La presencia de los instrumentos es muy importante. Guitarras, laúdes, bandurrias, guitarros, castañuelas, panderetas y panderos marcan el ritmo de las canciones. Pero es sin duda el toque de los grandes panderos el que hace que estos cantos sean diferentes del resto de los que se cantan en la provincia de Toledo. Se trata de una verdadera manifestación de folklore local que está presente en todos y cada uno de los momentos de la romería: la salida de los carros, la parada en el Granujal, en el Puerto, en el Ofrecimiento… Hay infinidad de cantares y jotas que los venteños aprenden desde la cuna y que año tras año siguen entonando para mantener viva la tradición. Incluyo a continuación algunos de ellos como muestra:
Hago la guía
Y empiezo la primera
Hago la guía
Ayudadme, ayudadme
Virgen María

Desde el Granujal, madre
Se ve el Milagro
Las penas que traía
Se me han quitado

Virgen Santa del Milagro
Le dijo a la Pilarica
Mientras yo tenga venteños
No tengas miedo mañica

La del Sagrario en Toledo
Virgen de Atocha en Madrid
La del Remedio está en Cuerva
La del Milagro en mi pueblo
La fiesta dura tres días, sábado, domingo y lunes, y se celebra el primer fin de semana de septiembre. Ya en agosto, los “milagreros” se reúnen algunas noches para recorrer las calles del pueblo cantando las milagreras y haciendo sonar los panderos, para así anunciar la proximidad de la romería. El sábado del Milagro, a primera hora de la mañana, tras haber recogido al mayordomo primero, que encabeza la comitiva, todos los carros se dirigen a la plaza donde dan las tres vueltas de rigor. En los carros, no dejan de sonar los instrumentos y los cantares, todo es alegría, pues el día grande por fin ha llegado. Después se ponen en camino para ir a la ermita, haciendo varias paradas donde se canta, se baila, se come y se bebe. Son varias horas las que dura el trayecto, que con los rigores del verano y la orografía propia de los Montes de Toledo, se hace aún más duro. En torno a las cinco de la tarde los carros llegan al Milagro, y de nuevo dan las tres vueltas, esta vez alrededor de la ermita. La Virgen sale a recibir a todos los romeros a la puerta de la ermita y se reza el rosario, y cuando todos los carros están colocados, tiene lugar uno de los rituales más emotivos de la fiesta: el acto de vestir a la Virgen. En él sólo pueden estar presentes las mujeres, ningún hombre podrá entrar en la ermita. La primera mayordoma es quien se encarga de vestir a la Virgen con sus mejores mantos y joyas, ayudada por el resto de mayordomas y por su familia. El resto de mujeres acceden a la ermita que permanece cerrada durante este acto, para presenciar la laboriosa tarea de poner guapa a la Reina de los milagreros. Cuando se acaba de vestir a la Virgen, las puertas de la ermita se abren para que todos puedan contemplar la inigualable belleza de la Señora que luce sus mejores galas para los días de la fiesta grande. La ronda del Milagro entra dentro de la ermita cantando milagreras, momento muy emocionante, y salen cantando sin dar la espalda a la Virgen. Repiten el ritual varias veces, finalizando con un ¡Viva la Virgen del Milagro! A partir de este momento, toda la tarde-noche del sábado la ermita permanecerá abierta para que todos los devotos puedan visitar a la Virgen.
Familiares y amigos se reúnen en los ranchos para degustar gran cantidad de productos típicos de esta fiesta, como son los deliciosos embutidos elaborados con la carne de venao, como son el tasajo y el somarro; el pisto, las tortillas, las tradicionales tortas del Milagro… los cánticos y las visitas a la ermita son constantes, y todo ello es muestra de la gran devoción que se tiene a la Virgen del Milagro que, sin ser la patrona del pueblo, mueve muchos corazones.
El domingo por la mañana tiene lugar la misa y la procesión, y por la tarde el Ofrecimiento. La Virgen se coloca detrás de la ermita, y los asistentes pasan a ofrecer su donativo con la peculiaridad de hacerlo bailando la jota y siempre frente a la Virgen, sin darla la espalda. Este es un acto de los de mayor participación, pues las gentes que no se han hospedado allí durante la romería, también acuden para venerar a la Virgen y cumplir la tradición. La jornada del domingo vuelve a transcurrir entre cantares de milagreras y jotas, y compartiendo agradables momentos de convivencia entre familiares y amigos.
El lunes para el milagrero es un día cargado de nostalgia, de añoranza y sobre todo de comienzo de la cuenta atrás para un nuevo Milagro. Los carros de nuevo han de volver a Las Ventas con Peña Aguilera, no sin antes aprovechar los últimos momentos de la romería para seguir venerando y cantando jotas a la Virgen. Los cánticos de despedida frente a la Virgen se ven ahogados por la emoción, nadie quiere marcharse. La ronda se despide de la Virgen y sale sin darla la espalda como es tradición, y Ella queda esperando otros 365 días para que sus venteños vuelvan a estar con Ella. Dice la milagrera:
Se queda sola
La Virgen del Milagro
Se queda sola
Entre riscos y valles
A lo pastora
 
Queda contenta
La Virgen del Milagro
Queda contenta
Porque sus mayordomos
La han hecho fiesta
Los carros desandan el camino que separa el Milagro de Las Ventas de la misma manera que lo hicieron el sábado en la venida. Cuando llegan al pueblo, antes de ir cada uno a su casa, han de darse de nuevo las tres vueltas como manda la tradición, pero esta vez no serán a la plaza como en la ida, sino a todo el pueblo, repitiéndose en tres ocasiones el mismo recorrido. Los carros vuelven a los corrales, los panderos y demás instrumentos se guardan, pero la ilusión y la devoción siguen vivas, porque el milagrero sabe que ha comenzado una nueva cuenta atrás para estar con su Virgen.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a mi gran amigo Eduardo Rodríguez Carrobles y a su familia, que este año han tenido el grandísimo honor de ser los primeros mayordomos, por su invitación a la romería y por contagiarnos su enorme devoción a la Virgen del Milagro. También quiero agradecer la invitación de mi amiga Victoria Utrilla y de su familia, con quienes también tuvimos la suerte de compartir momentos milagreros. Para mí ha sido un verdadero placer contemplar como se vive la devoción y la tradición en el pueblo de Las Ventas, y haber podido compartir con ellos las vivencias de una parte de su fiesta.
Las mujeres visten a la Virgen

Los tradicionales panderos

La Virgen engalanada en su ermita

La belleza de los carros

En plenos Montes de Toledo

Cruz del Milagro

*Todos los textos, así como las imágenes y archivos de vídeo son propiedad del autor.

viernes, 5 de septiembre de 2014

LAS ALABARDAS DE ORGAZ


Volvemos de nuevo a la localidad toledana de Orgaz, para hablar de su tradición más importante y enraizada: la fiesta de las alabardas que cada mes de agosto se celebra en honor de su patrón, el Stmo. Cristo del Olvido.
La presencia de las alabardas está muy extendida en diversas fiestas de la provincia de Toledo. Es curioso que todas las soldadescas o compañías de alabarderos están ligadas a celebraciones en honor a las Ánimas, y aparecen normalmente en carnaval. Muchos son los pueblos que emplean esta arma, cuya presencia tiene origen en nuestro país allá por el siglo XVI, cuando el Rey Católico ordena la constitución del Cuerpo de Alabarderos, cuya misión era acompañar al rey y darle escolta o custodia. Encontramos alabardas y alabarderos especialmente en los pueblos que celebran importantes carnavales de ánimas como pueden ser los de la Campana de Oropesa (El Torrico, Valdeverdeja…), la comarca de Talavera (Segurilla, Mejorada, El Real de San Vicente…), y en pueblos de la comarca próxima a La Mancha como Villafranca de los Caballeros. También están presentes las alabardas en pueblos colindantes a Orgaz y que al igual que en éste, aparecen en las festividades de sus patronos. Es el caso de Mora de Toledo, que acompañan al Cristo de la Vera Cruz el 15 de septiembre, y el de Sonseca que rinden honores a la Patrona, Ntra. Sra. de los Remedios cada 8 de septiembre.
En Orgaz la presencia de las alabardas en origen estuvo vinculada a la Cofradía de Ánimas, cuya función principal tenía lugar cada domingo de Pentecostés. Con el paso de los siglos, los alabarderos y la Cofradía de Ánimas quedan unidos a la Mayordomía del patrón de Orgaz, el Santo Cristo del Olvido, pasando a celebrarse la fiesta de las alabardas cada 25 de agosto. Se trata de la tradición más arraigada de este precioso pueblo, que cada año se echa a la calle como lo viene haciendo desde siglos atrás para venerar con especial fervor a su Cristo del Olvido.
Los protagonistas de la fiesta son las alabardas, los alabarderos, los cargos u oficios y los abanderados. Cualquier orgaceño, hombre, puede inscribirse para ser alabardero en la Compañía y desfilar por las calles de Orgaz. En cambio, para ser abanderado, hay que inscribirse previamente en una lista, llegando a ocupar el cargo pasados varios años. Me contaba uno de mis informantes, el abanderado de este año, Emmanuel Bravo, que él se apuntó siendo un niño, y han transcurrido varios años hasta que ha llegado a ser abanderado. Es tan fuerte el sentimiento de los orgaceños hacia su fiesta que, según me comentaban, muchos de los niños son inscritos en el momento de nacer para llegar a ser abanderados. En la actualidad son tres las personas que ocupan estos cargos, un adulto, y desde 1975 dos niños como abanderados infantiles.
Las alabardas se componen de un palo o mástil rematado por el arma propiamente dicho, todo ello recubierto artísticamente de multitud de flores y cintas de tela de colores. La función de los alabarderos en este caso es acompañar en todo momento a los cargos u oficios y a los abanderados en los diferentes momentos que componen la fiesta, y como no, rendir honores al Cristo del Olvido, que es el centro de la celebración. Los alabarderos visten pantalón negro y camisa blanca o azul sobre la que va bordada la imagen del Cristo. Llevan sobre su pecho la medalla con la imagen del patrón.
Los cargos u oficios se componen por varias figuras, que se distinguen por su vestimenta, normalmente traje de chaqueta,  y por las preseas que portan. Son el capitán, que porta un bastón y cruz de plata en la solapa de la chaqueta; el maestro de campo, que porta bastón y medalla en la solapa; y el ayudante del capitán que también porta bastón. Por otro lado están los abanderados, que portan las banderas que “juegan” delante del Cristo. Las banderas son de los colores de la enseña nacional, rojo y gualda, y sobre ellas va bordada por una cara la imagen del Cristo, y por otra la calavera que hace referencia a las Ánimas. En los desfiles, los abanderados llevan la bandera sobre sus hombros, cubriendo la espalda, y sujetan el mástil con las manos. El mástil va rematado con una alabarda que se retira cuando los abanderados se disponen a jugar la bandera.
Otra parte importante de la Compañía de Alabarderos son los tambores y los clarines que acompañan con sus característicos toques, y que marcan el ritmo en el “juego” de la bandera. Los toques de tambor se componen de constantes y enérgicos redobles. Los toques de las trompetas son puramente militares, haciendo referencia al origen de los alabarderos, que formaban un cuerpo de escolta militar.
La Compañía hace su primera aparición en la denominada “reseña”, de la que ya hablé en el artículo dedicado a los “diablillos”, y que tiene lugar en el último domingo o festivo anterior al día 25 de agosto. En este acto la Compañía de Alabarderos recorre las casas de cada uno de los cargos anunciando la llegada de la fiesta. Días después hacen su aparición los “diablillos” para hacer cuestación para ofrecer misas por las Ánimas. Los días importantes de las fiestas, en los que los alabarderos tienen mayor protagonismo, son el 24 y 25 de agosto, víspera y día grande respectivamente. El 24 por la mañana, tras haber recogido a los cargos en sus domicilios, acuden al bello templo parroquial para presentarse ante el Cristo, finalizando el acto con el “juego” de la bandera. Por la tarde vuelven de nuevo para presentar la ofrenda floral junto al pueblo y vuelven a “jugar” la bandera. Ya el día 25 tiene lugar el punto álgido de las fiestas. Tras haber recogido a los cargos, a media mañana, desde el castillo de los Condes de Orgaz, se dirigen junto a las autoridades a la iglesia para asistir a la celebración de la Santa Misa, colocándose todos en el altar mayor. Uno de los momentos de mayor emoción y más esperados por los orgaceños es el juego de la bandera que tiene lugar finalizada la celebración de la Eucaristía. Primero el abanderado y luego los abanderados infantiles, bailan la bandera con gran destreza y visible emoción ante la imagen del Cristo. Dignos de ver son los rostros de concentración de los abanderados que deleitan a los que presencian el acto con multitud de giros y destrezas, siempre intentando que la bandera no caiga al suelo. Los orgaceños viven este momento con gran emoción, y rompen en aplausos y vítores dirigidos a los valientes abanderados que cumplen con la tradición más grande de su pueblo. Finalizado el juego de la bandera, los alabarderos de nuevo acompañan a cada cargo a su casa, a la que volverán de nuevo por la tarde para acompañarles a la plaza. Allí tendrá lugar el cambio o relevo de mandos y abanderados, y dará comienzo el ofrecimiento, en que los orgaceños ofrecen al Cristo sus donativos en dinero y en especie, que en los días sucesivos de las fiestas serán subastados en acto público, ofreciendo las gentes diversas cantidades por quedarse con la puja. Tras el ofrecimiento, el Cristo recorre en procesión las calles de Orgaz, siendo escoltado por los alabarderos. Delante de la sagrada imagen, los abanderados juegan la bandera, así como todo aquel que lo desee. Este acto pone el broche de oro a unas fiestas que los orgaceños guardan muy dentro de sus corazones, comenzando la cuenta atrás para la llegada de una nueva fiesta.
Agradezco la colaboración de Raquel Pérez-Cejuela, y la de Soco, que me facilitó la entrada al castillo para hablar con los abanderados, así como la de Emmanuel Bravo, abanderado de 2014, que me estuvo hablando de la tradición y de sus vivencias.

Las tres banderas con las Ánimas y el Cristo

Banderas

Los alabarderos forman a las puertas del castillo de Orgaz

De camino a la iglesia


El abanderado "jugando" la bandera

La gran destreza del abanderado

Juego de la bandera

Jugando la bandera ante el Cristo

La mayor tradición de Orgaz

Abanderado infantil

Desde pequeños heredan la tradición

Abanderado infantil

Desde niños se aprende a jugar la bandera
 
Las alabardas junto a los muros del castillo

*Todos los textos, así como las imágenes y archivos de vídeo son propiedad del autor.