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sábado, 21 de febrero de 2015

EL “CIRIGÜELO” Y LA "SOLDADESCA" DE MEJORADA



El pueblo toledano de Mejorada, en las Tierras de Talavera, atesora un ramillete de tradiciones que celebra a lo largo del año, y que se esfuerza en mantener. En Carnaval podemos disfrutar de algunas de ellas, como son la “Vaquilla” protagonizada por los quintos, la salida del “Cirigüelo”, y la Soldadesca de Ánimas. En esta ocasión me centraré en las dos últimas, cargadas de un importante contenido etnográfico y que cada año Mejorada pone a salvo del olvido, teniéndolas como importantes señas de identidad. Ambas manifestaciones tienen lugar el Domingo Gordo de Carnaval, y están estrechamente relacionadas, pues en los dos casos las Ánimas Benditas del Purgatorio son las que las dan sentido.

El “Cirigüelo” es un personaje enigmático, anónimo, íntimamente unido a una promesa o manda. Podríamos definirlo incluso como una máscara, pues reune una serie de particularidades que la confieren este carácter (rostro tapado, celebración en invierno, hace cuestación...). Su identidad no se conoce, es una de las condiciones indispensables que debe cumplir la persona que lo encarna. Normalmente la persona que se viste de “cirigüelo” lo hace para cumplir una promesa que ha hecho y nadie debe saberlo. También hace voto de silencio, y durante todo el recorrido tiene prohibido hablar con nadie. Viste un atuendo muy peculiar compuesto por pantalones blancos, camisa blanca y una especie de capucha blanca ceñida al cuello mediante un pañuelo anudado en la garganta, y con orificios en los ojos y en la boca. En las manos lleva guantes blancos y en la cintura una faja o fajín rojo. Porta una vara o cetro, la hucha donde los devotos depositan su limosna para las Ánimas, y la esquililla o campana con la que avisa de su presencia. Llama mucho la atención la solemnidad y el respeto que despierta la presencia del cirigüelo por las calles de Mejorada. Las puertas se abren al sonido de la campanilla, y sin mediar palabra con él, las gentes le van haciendo entrega del dinero. Sale a primera hora de la mañana y recorre el pueblo casa por casa haciendo cuestación hasta la hora de misa; ya por la tarde en el “Ofertorio” que tiene lugar en la plaza, hace acto de presencia y a cara descubierta hace entrega de la recaudación a la Soldadesca, habiendo cumplido así con su promesa. Todo el dinero que el cirigüelo ha recogido, se empleará para decir misas en sufragio de las Ánimas Benditas.

El “Cirigüelo” vendría pues a representar a todas las almas purgantes de Mejorada, recordando con su presencia la necesidad de rezar por ellas y de ofrecer misas. El color blanco, que representa la pureza, podría hacer alusión a ese estado de purificación del que gozarán las almas y que alcanzarán a base de oraciones. No es un personaje temido como vemos en otros lugares ante otras máscaras o encapuchados, sino que se trata de una figura que llama al respeto, al recogimiento ante su presencia por lo que para el pueblo significa. No quita este aspecto que el cirigüelo despierte la curiosidad de los mejoreños por saber de quién se trata, llegando incluso a preguntarle por su identidad y obteniendo la callada por respuesta.

Despierta gran curiosidad su denominación, nadie del pueblo me sabe decir el porqué de llamarse “cirigüelo”. Busco en los diccionarios, y la RAE no lo contempla. Tan sólo encuentro una acepción en un diccionario de galicismos y provincialismos, que lo define como una especie de ave, definición que no creo que tenga mucho que ver con este personaje. También encuentro que se trata de una especie de árbol, similar al ciruelo, o el propio ciruelo denominado de esta manera en determinadas zonas. La hipótesis que más me convence es que estamos ante un localismo, y que curiosamente encontramos en otro pueblo no muy lejano a Mejorada, en El Real de San Vicente, y que se emplea para denominar a los personajes que componen su tradicional mascarada del día de San Sebastián: “los cirigüelos”.

Encontramos personajes similares en otros puntos de Castilla-La Mancha que también hacen cuestación para las Ánimas vestidos de manera singular como en este caso, fruto de una promesa. Son “El Blanco” o “Ánima Muda” de El Ballestero en la provincia de Albacete, que pide para las Ánimas cada 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes; y “El Ánima” de Zafra de Záncara en la provincia de Cuenca, que pide para el mismo fin en Carnaval al igual que el cirigüelo de Mejorada.

La otra tradición que este pueblo celebra el Domingo Gordo de Carnaval es la de la Soldadesca de Ánimas. Esta es una tradición muy extendida en esta zona y otros pueblos de la provincia de Toledo, que encontramos también muy arraigada en Gamonal, a pocos kilómetros de Mejorada. Como ya hemos visto en otros casos, las soldadescas o compañías de alabarderos surgen en época de los Reyes Católicos, teniendo también especial importancia a finales del siglo XVI en época de Felipe II, quien propone a las clases altas formar estas soldadescas que surgen en el seno de las milicias provinciales. Las soldadescas desde sus orígenes participaron en las festividades religiosas siendo su función principal la de escoltar y rendir honores castrenses a las imágenes devocionales. A menudo las encontramos ligadas a las Cofradías de Ánimas, cuyo culto está muy extendido por ese respeto que el hombre siempre ha tenido a la muerte, y que se intensifica con la proclamación del Purgatorio como dogma de fe por la iglesia católica. Otras interpretaciones que encontramos en otros lugares y que quizá también se puedan hacer extensivas a la Soldadesca de Mejorada, son las que nos dicen que surgen como agradecimiento a las Ánimas por haber librado a la población de algún trance en alguna batalla, de ahí su carácter castrense. También podríamos darle la explicación que tradicionalmente se ha dado en el vecino Gamonal, donde cuenta la tradición que la Soldadesca surge en el siglo XIX para hacer burla del ejército francés al que se habían enfrentado en la Batalla de Talavera, que tuvo lugar muy cerca de estos dos pueblos.

En el caso de esta Soldadesca de Mejorada, contamos con una fecha que nos permite remontarnos siglos atrás, y que puede darnos indicios si no de su fundación, sí de su existencia por aquel entonces. Es la fecha que aparece grabada en la madera del tambor de la Soldadesca, el año 1890. Aparece junto a una inicial y un apellido “A. Segovia”, que podría indicarnos el nombre del propietario del tambor. A lo largo de su historia, la Soldadesca de Mejorada ha vivido momentos de gran auge y otros de declive. Me cuentan que durante la Guerra Civil se pierde la tradición y se recupera justo al término de la misma, pero que años más tarde vuelve a perderse. El afán y empeño de los amantes de las tradiciones de Mejorada propició su recuperación en 1999, y desde entonces se ha seguido celebrando.

La Soldadesca se compone de varios cargos que son el general, el teniente, el abanderado, el tamborilero, y varios alabarderos. Participan indistintamente hombres y mujeres, y los cargos principales se eligen cada año entre los miembros de la asociación que mantiene la tradición. Los elementos que dan mayor vistosidad a la Soldadesca son las alabardas decoradas con flores de tela, espejos y multitud de cintas de colores. Pero hay algo que da un toque único a esta compañía con respecto a las de los pueblos del entorno, me refiero a las naranjas que llevan pinchadas en la punta de las alabardas, cuyo significado nadie me pudo precisar, solamente me dijeron que era una tradición que había ido pasando generación tras generación. Los hombres van vestidos con traje de chaqueta, pañuelo con la bandera de Ánimas anudado al cuello, fajín de color azul y blanco, y escarapela de lazos de varios colores cosida al hombro. Las mujeres visten el precioso traje local compuesto por refajo bordado, camisa blanca, mandil y mantón de manila. El general lleva fajín rojo y bastón de mando, y el teniente fajín azul, y ambos llevan una preciosa banda profusamente decorada que cruza sobre el pecho y sus correspondientes insignias en los puños de la chaqueta.

El día grande de la Soldadesca es el Domingo Gordo de Carnaval. A media mañana acompañados del característico toque de tambor se dirigen hacia la iglesia donde tiene lugar la misa. Antes de entrar en el templo dan una vuelta a la plaza, y una vez dentro de la iglesia permanecen de pie a ambos lados del pasillo central, situándose el general y el teniente en el altar mayor. Su misión es escoltar el paso del sacerdote cuando se dirige al altar, y a todas las personas que acudan a comulgar. Durante la Consagración el tamborilero da tres toques, y finaliza con un prolongado redoble de tambor. Tras la paz, dos de los alabarderos se sitúan a ambos lados del sagrario escoltándolo. Acabada la función religiosa y con sus filas perfectamente formadas se dirigen a la glorieta de la iglesia donde tiene lugar uno de los actos centrales: el volteo y baile de la bandera. La bandera representa a las Ánimas, es un acto en el que se las rinden honores. Primero la baila el abanderado que pide la venia al general, y después el teniente y el general, los alabarderos y el resto de asistentes. El abanderado se encarga de buscar voluntarios que bailen la bandera en el centro del corro. La tradición cuenta que cuando cogía la bandera un forastero, tras bailarla, debía intentar escaparse con ella y salir del corro, cosa que la soldadesca impediría por todos los medios. Tras el baile de la bandera la Soldadesca da otra vuelta a la plaza como manda el protocolo y se retira para comer todos los miembros juntos. Ya por la tarde vuelven a la plaza donde tiene lugar el “Ofertorio”. El sacerdote da a besar un crucifijo, y los asistentes depositan donativos para las Ánimas Benditas. Me contaban que hay también quienes ofrecen dulces y otros productos que se subastan, llegando a pagar altas cantidades para hacerse con ellos.


Así culmina la celebración del Carnaval en Mejorada, un carnaval eminentemente religioso que perdura con el paso de los años gracias a los mejoreños y mejoreñas que luchan para que no se pierda.

El cirigüelo se cubre el rostro para cumplir una manda

La campanilla anuncia la presencia del cirigüelo

Recorre todos los rincones para pedir para las Ánimas

Las vistosas alabardas con sus flores, cintas y naranjas

La Soldadesca hace guardia en la iglesia

El abanderado

Tradición que pasa de padres a hijos

La Soldadesca de Mejorada

*Todos los textos, así como las imágenes y archivos de vídeo son propiedad del autor.


miércoles, 11 de febrero de 2015

EL “JUDÍO” Y LA FIESTA DE SAN BLAS EN ARCICÓLLAR


Arcicóllar, pueblo toledano, celebra cada año las fiestas de la Candelaria y San Blas en el fin de semana más próximo al 3 de febrero. Unas fiestas cargadas de curiosidades entre las que destaca la aparición del “Judío” en la mañana del domingo, una botarga con fines bondadosos pero que sin embargo es temida por pequeños y mayores.
Para encontrar el origen a esta fiesta, hemos de remontarnos al siglo XVII, momento en que me comentan mis informantes que se funda la cofradía de San Blas en Arcicóllar. Entendemos que la figura del “Judío” podría remontarse igualmente a esos comienzos, pero no conocemos el origen o el fin exacto de su aparición, pudiendo incluso encontrarlo en antiguos ritos paganos como en el caso de otras mascaradas de estructura similar. Llama la atención la coincidencia en fechas y en denominación con el “Judío” de Camarena, el pueblo vecino. Son dos máscaras totalmente diferentes, tanto en la vestimenta como en el rito que llevan a cabo, coinciden tan solo en la época de celebración –enmarcada en las festividades de la Candelaria y San Blas- y en el cometido de la mascarada, que no es otro que hacer cuestación para obtener fondos que serán destinados a misas u otros menesteres religiosos.
Me acecha la curiosidad al encontrarme ante el nombre que recibe este personaje: “Judío”, una denominación que encierra antigüedad y misterio, y que podría decirnos mucho sobre su origen. Si tomamos como punto de partida de la tradición el siglo XVII, podríamos encontrarnos ante un personaje que surge de la extendida conversión de judíos al cristianismo que se da en esos siglos, pues recordemos que en 1492 los Reyes Católicos expulsan a los judíos, volviendo a España siglos más tarde y convirtiéndose al cristianismo por voluntad propia u obligados. Son los que conocemos con el nombre de judeoconversos. No olvidemos la persecución que sufrieron los judíos en nuestro país en la Edad Media, y el odio hacia ellos, llegando incluso a ser tomados como chivo expiatorio de los males que acechaban a los cristianos que componían la población mayoritaria. ¿Podríamos pues estar ante un judío converso que es obligado a encarnar este personaje (que no olvidemos que no deja de ser un penitente como veremos más adelante), para “expiar” sus pecados y entrar “limpio” a la nueva religión? ¿Pudo ser una burla hacia los judíos por parte de los cristianos que optaron por vestirse con este aspecto demoníaco y ponerle ese nombre? ¿Se le pudo dar esa denominación por esos motivos? ¿Comienza así la tradición? No lo sabemos, desconocemos el origen, sólo son hipótesis que se me plantean y con las que intento dar algo de luz a este personaje que se remonta a tiempos lejanos.
Podríamos también encontrar una explicación más sencilla a su origen, y la encontraríamos en el hecho que ya expuse al hablar del vecino “Judío” de Camarena, apoyándome en la hipótesis de que podría hacer referencia al personaje que acompañó según la tradición a la Virgen al Templo, para evitar que las miradas de las gentes se dirigieran a Ella.
Hipótesis aparte, nos encontramos ante una tradición de siglos que el pueblo de Arcicóllar mantiene como una de sus señas de identidad. Me cuentan mis informantes que antiguamente el “Judío”, al igual que ocurre en la vecina Camarena, era un personaje de carácter hereditario, es decir, eran los miembros de una misma familia quienes iban recibiendo el testigo para encarnar a la botarga. Según me comentan, hace unas décadas llegó un momento en que esa familia no pudo seguir haciéndose cargo de la tradición por lo que la pusieron en manos de la cofradía de San Blas, que es quien desde entonces la ha mantenido y la ha seguido celebrando. Se hizo entrega de la vestimenta y enseres que lleva el “Judío”, y es la hermandad la que los custodia.
La figura del “Judío” está íntimamente ligada a una promesa. La persona que encarna este personaje lo hace por ofrecimiento en agradecimiento a San Blas por haber intercedido por él o por su familia en algún momento complicado, ya sea de salud o de otra índole. El “Judío” hace voto de silencio, y no puede hablar con nadie mientras esté vestido y recorra las calles de la localidad. Otro aspecto que aporta particularidad a la fiesta es que nadie puede saber su identidad, tan solo un miembro de la cofradía de San Blas que en este caso es el secretario –en la actualidad secretaria-, a quien el oferente o algún familiar de éste se dirige para ser incluido en la lista. Su misión es hacer cuestación casa por casa para obtener fondos que se destinan a la cofradía, y que ésta emplea en ofrecer misas y costear la fiesta. Como dato curioso me dicen que hace unos 40 años, eran muchas las personas que estaban apuntadas en lista para ser “Judío”, incluso desde que nacían, y que en muchas ocasiones llegaban a cumplir la promesa ya entrados en años. En la actualidad suelen ser chicos jóvenes los que se incluyen en las listas, y me comentan que hay “Judíos” apuntados hasta 2025 más o menos. A pesar de haber atravesado la fiesta unos años difíciles en los que incluso algún “Judío” ha tenido que repetir para no perder la tradición, ésta a día de hoy se mantiene viva en Arcicóllar y se vive con especial intensidad. Me aportan además otra curiosidad, y es que por tradición siempre han sido hombres los que han encarnado a la botarga, habiéndose conocido tan sólo en una ocasión que lo haya desempeñado una mujer.
El atuendo del “Judío” se compone de un mono formado por piezas de tela de color rojo, amarillo y negro, dispuestas de manera alterna. Lleva botonadura de color negro, y una capucha unida al mono con dos cuernos, uno negro y el otro rojo. Lleva la cara cubierta por una especie de máscara de tela negra con aberturas en los ojos, y un largo rabo de los mismos colores que recorre su espalda y se une al hombro izquierdo, lo que le confiere un aspecto demoníaco. Completan el uniforme la hucha que porta para recoger el dinero, y el “pincho”, una vara larga y afilada de hierro rematada con una cruz y una argolla, con la que amenaza a los niños.
La mañana del domingo a primera hora se nota el nerviosismo en el ambiente. Varias pandillas de niños recorren nerviosos las calles del pueblo en busca del “Judío”, sin saber por dónde puede aparecer, pues como ya hemos indicado, nadie sabe su identidad y por lo tanto el lugar de donde va a salir que suele ser su casa. A las nueve y media en punto el “Judío” hace su aparición y comienza el ritual. Su presencia se intuye por el sonido que emite la argolla al chocar con el pincho, y las monedas que lleva en la hucha. Los niños corren despavoridos, pues en Arcicóllar a diferencia de otros lugares, la máscara es un personaje temido, amenazante, al que incluso guardan respeto muchos adultos. Algunos mayores me comentaban que antiguamente hacía su aparición más temprano, muchas veces incluso a las siete de la mañana. Es costumbre que comience su recorrido por el barrio de San Blas, donde se dice que tienen costumbre de madrugar mucho. Recorre todos los barrios del pueblo llamando a las casas donde le reciben con respeto y le entregan la limosna, mientras los niños corren tras él e intentan tirarle del rabo y hacerle travesuras. Al ver la forma del pincho o asador pregunto si en algún momento se le entregaban alimentos en lugar de limosnas, a lo que me responden que no. Es costumbre desde siempre que los niños le tiendan graciosas trampas y obstáculos que el “Judío” con mucho esfuerzo tiene que sortear, pues no olvidemos que lleva la cara tapada en todo momento y las manos ocupadas por la hucha y el “pincho”. Le atan puertas y verjas con cuerdas para que no pueda abrir obligándole a saltar, le hacen correr tras ellos por algunas empinadas cuestas del pueblo o incluso campo a través. El “Judío” intenta acorralarlos y les amenaza arrastrado el “pincho” y haciendo ademán de pincharles con él. Algún valiente pretende incluso arrebatarle el “pincho” a lo que el “Judío” responde propinando golpes en las manos con la hucha. Los más pequeños reflejan el terror en sus caras cuando se les acerca, e incluso algún mayor que al tiempo de echar la limosna en la hucha ni siquiera se atreve a mirarle. Me contaba uno de mis informantes que antes los muchachos eran mucho más crueles con el “Judío”, pues le encerraban en los corrales obligándole a saltar por las tapias. Me cuenta una anécdota que ocurrió un año en que le hicieron incluso hablar, pues le habían encerrado y no podía salir, y ante la impotencia no le quedó más remedio que descargar sobre ellos una lluvia de improperios que hicieron que rompiera su promesa de silencio. Cuando se da el primer toque de campanas para llamar a los arcicolleros a misa, el “Judío” se dirige a la iglesia y termina su recorrido y su promesa haciendo entrega de la hucha con la recaudación. Vuelve de nuevo a su casa o al lugar donde se vistió, y se quita el traje habiendo cumplido así con su cometido.
Continúa la fiesta con la procesión que recorre varias calles del pueblo con las imágenes de San Blas y la Virgen de la Candelaria. Una curiosa procesión que va acompañada por unas pequeñas andas que portan los niños y que llevan liebres, conejos, perdices y roscas que posteriormente serán subastados. Minutos antes de la procesión la sacristana se encarga de vender entre los fieles y devotos las tradicionales gargantas de San Blas, unos aros de cera decorados con una cinta roja que según la tradición previenen los males de garganta. Cuando las imágenes vuelven de nuevo al templo tienen lugar las pujas en la puerta. Los arcicolleros pujan por las flores de las andas, por los brazos para introducir a la Virgen y a San Blas a la Iglesia, por la vela y el Niño de la Virgen, por las gargantas y cintas de San Blas, por el báculo del santo que en Arcicóllar recibe el nombre de bastón… Quienes pujan ofrecen cantidades de dinero para tener el honor de quedarse con la puja. Tras este acto tiene lugar la misa y la venta de roscas de pan con anises a la puerta de la iglesia, y ya por la tarde otro de los actos centrales de la fiesta: la tradicional rifa de la caza y roscas, y otros productos. Desde el miércoles al viernes anteriores a la fiesta, los cazadores de Arcicóllar salen a cazar a los cotos locales para obtener piezas para la rifa del domingo. Unas las vende la hermandad a establecimientos para obtener fondos y el resto se reservan para ser rifadas el domingo por la tarde. Antiguamente se hacía en la plaza del pueblo, pero desde hace unos años se ha trasladado a un espacio cubierto para resguardar a los asistentes del frío y de las inclemencias del tiempo muy probables en esta época. A primera hora de la tarde se congregan los arcicolleros para dar comienzo a la rifa, que se incia con la bendición por parte del señor cura de todos los productos preparados para ser subastados. Conejos, liebres, perdices, zorzales, palomas, roscas de pan con tres naranjas clavadas en cañas, vino, embutidos, las tradicionales roscas dulces… son los productos por los que se puede pujar. En algunas ocasiones las cantidades se elevan debido a la pugna que se establece entre los asistentes para intentar llevarse la pieza en cuestión. Se rifa también el tradicional bastón de San Blas, que es un bollo dulce que imita al báculo que porta el santo, y se reparten las cintas de San Blas bendecidas que previenen los males de garganta. La rifa puede durar varias horas, y en ella se obsequia a los asistentes con limonada y torrados, poniendo broche así a estas tradicionales fiestas de invierno que se celebran cada año en Arcicóllar.
Agradezco la gran ayuda prestada por Mª Carmen Sierra Pinilla, secretaria de la hermandad de San Blas, y de su familia, que me abrieron muy amablemente las puertas de su casa y me permitieron acompañarles en cada uno de los momentos de la fiesta. También la colaboración de Santiago García Alonso, el “Judío” de este año, con el que tuve la gran suerte de poder hablar. Fue para mí una ocasión muy especial ya que pude conocer la fiesta de la mano de sus protagonistas, una tradición sin duda muy interesante y que por suerte está viviendo un importante auge en estos momentos.

El Judío persigue con el pincho a los muchachos

El "Judío" amenaza a los jóvenes

La hucha para la recogida de limosnas

El "Judío" hace cuestación por las calles de Arcicóllar

Carreras tras los muchachos

El "Judío" se ve obligado a saltar verjas

El "Judío" escapa tras ser encerrado por los niños

Huyendo tras el "Judío"

Gargantas de San Blas

Las andas de la caza y las roscas en la procesión

El bastón del santo
 
*Todos los textos, así como las imágenes y archivos de vídeo son propiedad del autor.

lunes, 9 de febrero de 2015

LOS “ZARRAMACHES” DE CASAVIEJA


Casavieja es un pequeño pueblo de la provincia de Ávila situado en el Valle del Tiétar. Un bello enclave que mantiene y cada año revive antiguas tradiciones, relacionadas en su mayoría con el entorno serrano y pastoril que lo rodea.
Una de sus celebraciones más características y que reúne mayor complejidad ritual es la que tiene lugar cada 3 de febrero con motivo de la fiesta de San Blas. En este día hacen aparición los “zarramaches”, dos personajes de carácter grotesco que protagonizan una curiosa mascarada de invierno.
Según la tradición oral eran los pastores de Casavieja que vivían gran parte del año en las sierras, los que encarnaban anualmente a estos personajes y bajaban hasta el pueblo a celebrar San Blas y a recibir el aguinaldo de manos de los dueños del ganado. Se dice que vestían de esta manera tan estrafalaria para divertir a los niños en ese día festivo. Cuando el oficio de los pastores comenzó su decadencia, la fiesta se vio igualmente amenazada, por lo que tuvieron que hacerse cargo de ella los quintos para evitar que se perdiese. Por ello, desde hace algunas décadas los quintos toman esta fiesta como propia, podríamos decir que se trata de un rito de paso por el cual los jóvenes que cumplen los 18 años pasan a formar parte del grupo adulto de la comunidad.
Pero pese a contar con esta interpretación de la fiesta, pienso que el rito tiene un origen mucho más complejo, pues los elementos que componen la vestimenta, similares a los que encontramos en otras mascaradas de invierno, nos dan una pista de que pudiera tratarse de un ritual relacionado con la fertilidad de los campos y el ganado, un ritual de llamada al despertar de la naturaleza, y de expulsión de los males que pudieran acechar a la comunidad.
El traje de los zarramaches se compone de varias partes. Visten pantalón blanco y cubren su torso con una pieza de tela blanca a modo de toquilla que cae sobre los hombros hacia la espalda y que va decorada con puntillas de encaje. Esta pieza de tela va cosida a la espalda y no dispone de mangas. A la espalda llevan una estera de esparto que se ata al cuello con una cuerda y que se ciñe a la cintura con una correa de la que penden tres cencerros. Sin duda la parte más característica de la indumentaria es la especie de máscara con que cubren su cara, que no es más que un trozo de tela con aberturas en ojos y boca, que se cose detrás de la cabeza; y el gorro de forma cónica, semejante a un capirote, del que cuelgan multitud de cintas de colores, y que se remata con un penacho de flores de tela. Portan largas y flexibles varas para amenazar y golpear a la chiquillería.
Vemos pues que en el atuendo aparecen esos elementos a los que anteriormente hacía referencia, y que pueden estar íntimamente ligados con antiguos ritos. Es el caso de los cencerros que tendrían una función ahuyentadora de los malos espíritus o de llamada al despertar de los campos en la cercana llegada de la primavera. También los gorros podrían ser indicio de esto, compuestos por cintas de colores muy llamativos alusivos al brote de la vida en el reino vegetal y a su abundancia, y por el ramillete de flores que lo remata, haciendo alusión a esto precisamente. Podríamos estar también ante un tipo de máscara fustigadora por las varas que los zarramaches portan, que podrían ser herencia de las antiguas Lupercalia romanas, de las que nos habla el insigne Caro Baroja. Como ya hemos explicado en otras mascaradas, los lupercos azotaban a todo el que se encontraban en su camino, especialmente a las mujeres con un sentido claramente fertilizador. También nos dice Caro Baroja en su obra que estas Lupercales tenían un claro sentido protector de las comunidades pastoriles frente a temidos animales y alimañas como podían ser el oso y el lobo, y de fecundidad de los rebaños, interpretación que nos encajaría muy bien en el entorno en el que se desarrolla esta mascarada.
La fiesta comienza en las primeras horas de la mañana cuando los dos quintos se disponen a vestirse de zarramaches en el ayuntamiento. La chiquillería espera expectante y nerviosa en la calle a que salgan para correr tras ellos y lanzarles naranjas que previamente han cogido de los árboles que hay repartidos por todo el pueblo. Suenan los cencerros, los zarramaches bajan las escaleras de la casa consistorial, los muchachos empiezan a gritar y a correr, la mascarada ha comenzado. Durante un largo rato las carreras se repiten por las diferentes calles de la localidad. Los zarramaches persiguen velozmente a los chicos que en un alarde de hombría se enfrentan a ellos y les lanzan las naranjas o intentan quitarles la vara. Los zarramaches llevan también una naranja en la mano que ofrecen a los muchachos para aprovechar y golpearles en las manos con la vara. Cuando se acercan las doce del medio día los zarramaches junto con las autoridades locales se dirigen a la iglesia donde tiene lugar la función en honor a San Blas. Me llamó poderosamente la atención la presencia de los zarramaches y su participación en la misa, pues por lo general en ninguna mascarada de las que se celebran en la Península, los protagonistas de la fiesta –máscaras, botargas, zangarrones…- entran en el interior del templo para participar de la parte religiosa de la celebración. En el caso de Casavieja, además los dos zarramaches ocupan un lugar distinguido dentro del templo, situándose en los bancos delanteros cercanos al altar, invitándolos el sacerdote en determinados momentos a hacerse oír agitando sus cencerros. Acabada la misa tiene lugar la procesión con el santo alrededor del templo, primeramente aparecen los zarramaches a los que los jóvenes están esperando para llevar a cabo sobre ellos una gran descarga de naranjas. Ambos salen corriendo esquivando los golpes de los frutos y comienzan de nuevo una persecución tras los muchachos, mientras que el santo rodea la iglesia en procesión portado por el resto de quintos y quintas.
Tras los actos religiosos, de nuevo la gente se congrega frente al ayuntamiento a la espera de que salgan los zarramaches, en esta ocasión otros dos quintos que han tomado el relevo a los que salieron por la mañana. De nuevo se suceden persecuciones, y los zarramaches entran en el patio del colegio para perseguir a los más pequeños que huyen de ellos despavoridos. La fiesta toca su fin a medio día, cuando los zarramaches entran de nuevo a la casa consistorial para quitarse los atuendos que se guardarán esperando la llegada de la fiesta a otro año.

Los zarramaches salen del ayuntamiento

A la carrera tras la chiquillería

Carreras por las calles de Casavieja

En busca de los muchachos

Los niños lanzan naranjas a los zarramaches

Vara y naranja, las armas de un zarramache

Golpeando con las largas varas a la carrera

Los zarramaches asisten a Misa

Los jóvenes esperan naranja en mano a la puerta de la iglesia

Los zarramaches salen de la iglesia
 
*Todos los textos, así como las imágenes y archivos de vídeo son propiedad del autor.

viernes, 6 de febrero de 2015

“LA CANDELARIA” DE POLÁN


Muchos son los lugares que el 2 de febrero celebran la Candelaria, fiesta que rememora la Presentación del Niño Jesús en el Templo y la Purificación de la Virgen, cumplidos 40 días de haber dado a luz. Muchos son los ritos en torno a esta fiesta, relacionados con el fuego especialmente, tomando un sentido purificador. También tradicionalmente se dice que en este día el invierno comienza su final para dar paso pronto a la primavera. Los ritos paganos se mezclan con los religiosos en esta fiesta, y toman gran protagonismo las madres y sus hijos recién nacidos.
Es el caso del pueblo toledano de Polán, que cada año celebra esta fiesta cargada de ritos y de momentos significativos que la hacen sobresalir de otras que tienen lugar este día en muchos lugares.
En Polán se dedica a la Virgen de la Salud, imagen muy venerada por los polanecos a la que también festejan en septiembre. La fiesta se inicia con la bendición de las velas por parte del sacerdote que, tras la oración se dirige a la parte trasera de la iglesia donde aguarda la Virgen, para encender las velas que la acompañan. La imagen sale a recorrer las calles de Polán en procesión, escoltada por las madres cuyos hijos han nacido en el último año. Las madres van con sus pequeños y portan velas en sus manos que más tarde ofrecerán durante la misa; los padres se encargan de llevar las andas de la Virgen. El trono en el que va colocada la imagen va adornado con pequeñas campanillas y cascabeles que no paran de sonar. La procesión vuelve a la iglesia y se coloca a la Virgen en la parte trasera de nuevo para dar comienzo a un rito muy curioso que recuerda el trayecto que tuvo que hacer la Virgen hasta llegar al Templo para presentar a su Hijo. Los padres cogen las andas y a lo largo del espacio que une el final de la iglesia con el altar mayor hacen tres genuflexiones con la Virgen, como símbolo del respeto con que María acudió a presentar al Niño. Cuando la imagen hace la última genuflexión, un miembro de la cofradía hace entrega al señor cura de una gran rosca dulce adornada con cintas de colores, y un par de pichones que lleva a los pies en recuerdo de los que entregaron San José y la Virgen.
La Virgen retorna a su sitio sin dar la espalda al altar, realizando de nuevo las tres genuflexiones, para dar paso acto seguido a las madres y padres que se acercan hasta el altar para hacer entrega del cirio y para que sus hijos reciban la bendición del sacerdote y sean ofrecidos. Al final de la misa se hace entrega a todas las madres de una pequeña rosca dulce y una estampita de la Virgen.
Tras los actos religiosos la fiesta continúa “encá Lagarto”, una casa del pueblo a la que se dirigen los polanecos para participar en la rifa de las típicas roscas. El juego se dispone en varias mesas que se colocan en el patio, sobre las que se sitúan tableros con cartas de la baraja española. Se trata de un juego muy extendido en toda la zona circundante a Toledo, siendo muy frecuentes en sus tradicionales romerías, donde reciben el nombre de “quínolas”. Quienes participan hacen entrega de una cantidad determinada de dinero, lo que da derecho a elegir cuatro cartas que se señalan con una tablilla de madera. Cuando se han vendido todas, un miembro de la hermandad escoge una mano inocente para que saque de la bolsa una carta. Quien posee la carta que ha salido de la bolsa, es quien se lleva la rosca. Estas roscas son típicas de esta fiesta y llevan anises y azúcar.
Otro aspecto lúdico de la fiesta que se perdió hace varias décadas es la luminaria, que según me contaba mi informante se encendía en la plaza en la noche de la víspera, y que dejó de hacerse allá por los años 30 ó 40 del siglo pasado.
Agradezco la amabilidad y la información que me aportó Juan José Pleite, miembro de la Directiva de la Hermandad de la Virgen de la Salud, así como al párroco de Polán, con el que también pude conversar y me aportó datos sobre la celebración.

Las roscas que se entregan a las madres

Procesión de la Virgen
Las madres portan los cirios

Las madres con sus hijos escoltan a la Virgen

La rosca de la Virgen se entrega al señor cura

Juego de cartas en la rifa de las roscas

Las tradicionales roscas de la Candelaria

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