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domingo, 18 de septiembre de 2016

LAS LUMINARIAS DE SAN ANTÓN EN SAN BARTOLOMÉ DE PINARES (ÁVILA)


En la Comarca abulense de Pinares se encuentra el bonito pueblo de San Bartolomé de Pinares, lugar donde los ritos de invierno toman especial protagonismo durante las fiestas de San Antón.

Este pueblo honra a San Antonio Abad los días 16 y 17 de enero, cuando se encienden por todas sus calles las tradicionales luminarias con el objetivo de ahuyentar lo malo para dar entrada a lo bueno, lo nuevo, lo purificado. Esta fiesta está estrechamente ligada al poder que se atribuye al Santo de proteger a los animales, y sabemos que en tiempos pasados tuvo gran importancia y arraigo puesto que éstos eran el medio principal para poder subsistir, pues con ellos se trabajaban las tierras, proporcionaban sustento… Pero hay un animal que cobra absoluto protagonismo en esta fiesta, me estoy refiriendo al caballo. La víspera de San Antón –el 16 de enero- se encienden por la noche las luminarias que los jinetes saltan con sus caballos. Supone este un importante rito en el que se persigue la protección de estos animales a través del fuego purificador.

La noche de las luminarias, según me contaron algunos bartolos con los que tuve la oportunidad de hablar, es espectacular, mágica. El fuego y el humo lo envuelven todo y tan solo se escucha el crepitar de las hogueras y el golpear de las herraduras de los caballos contra el suelo de las calles de San Bartolomé. Pero hay muchos otros momentos de la fiesta que merece la pena conocer y vivir, como es la mañana de San Antón cuando la mayordomía sale a recorrer las calles del pueblo para “dar a besar al Santo” a sus vecinos.

Tuve este año la suerte de poder disfrutar de la celebración del día de San Antón desde primera hora de la mañana. En este día toman absoluto protagonismo el mayordomo y los dos jurados que le acompañan. Montan sobre sus caballos ricamente engalanados con vistosas flores y cintas de papel. El mayordomo porta una vara con la imagen de San Antón decorada con un lazo rojo; los dos jurados llevan también una vara cada uno rematadas con una cruz. La mayordomía la componen cada año personas distintas que se han ofrecido en cumplimiento de una promesa o simplemente por mantener viva esta bonita tradición.

El 17 de enero muy temprano, los vecinos encienden de nuevo las luminarias en las que se queman infinidad de ramos de retama que producen un espeso humo blanco que impregna todo el pueblo. Me llamó mucho la atención la preciosa estampa que se puede observar cuando vas llegando al lugar: una enorme nube blanca cubre las casas como si de niebla se tratase. La comitiva recorre cada una de estas luminarias y de nuevo, como hicieran la noche anterior, el mayordomo y los jurados pasan con sus caballos sobre las hogueras para “ahumar al Santo”, nombre con el que se conoce en San Bartolomé a este ritual de la mañana del día grande. Van acompañados en todo momento por la gaita y el tambor que interpretan el repetitivo y exclusivo toque conocido como “San Antón ton ton torón”, nombre onomatopéyico que hace alusión a la repetitiva melodía que interpretan los instrumentos.

Pero lo que más emociona y llama la atención es ver los rostros de los vecinos que salen a recibir a la mayordomía y al santo. Los mayores se emocionan, incluso hay algunos que por su edad o por problemas de salud no pueden apenas salir de sus casas, y en este día hacen un gran esfuerzo movidos por la devoción para recibir y besar la vara de San Antón. Es muy habitual escuchar a los vecinos y a los mayordomos pronunciar estas frases: “salud para todo el año” y “que lo veamos a otro año”. En todas las luminarias se reúnen los vecinos y ofrecen a todo el que lo desee dulces y licores, y aprovechan la presencia de la gaita y el tambor para bailar una jota. Así transcurren las primeras horas de la mañana en San Bartolomé de Pinares, hasta que a media mañana el repicar de las campanas convoca a los vecinos a la celebración de la misa y la procesión. La imagen de San Antón recorre las principales calles del pueblo pasando de nuevo entre las luminarias para “ahumarse”.


Una fiesta entrañable, cargada de ritos y momentos significativos que se convierte en punto de reunión para los bartolos y curiosos que en esos días visitan la localidad. Tuve el placer de acompañar durante todo el recorrido al mayordomo y a los jurados que me recibieron muy amablemente y me explicaron algunos aspectos de la fiesta. A ellos, encabezados por Antonio Parro, el mayordomo de este año, mi agradecimiento; así como a Ángel, quien gestiona la página dedicada a las luminarias y que me facilitó información para poder acudir a esta bonita fiesta.
El pueblo envuelto por el humo de las luminarias

Los vecinos reciben a los mayordomos

El jurado a lomos de su caballo

"Ahumando al Santo" en las luminarias

El mayordomo y los jurados

Los vistosos adornos de los caballos

Los caballos ricamente engalanados

Portadores de la tradición

El respeto al caballo

Los animales reciben el fuego purificador

Procesión de San Antón

*Todos los textos, así como las imágenes y archivos de vídeo, son propiedad del autor.

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