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miércoles, 7 de diciembre de 2016

“LA CARIDAD DE CASTAÑAS” DE EL CARPIO DE TAJO

Entre las muchas tradiciones que conserva la localidad de El Carpio de Tajo, en la provincia de Toledo, se encuentra la fiesta de las castañas o de la “caridad de castañas. Una celebración que tiene su origen en el reparto de una caridad a base del fruto mencionado que siglos atrás hacía la Cofradía de la Inmaculada Concepción a los más necesitados del lugar.

Pasados los siglos, la tradición se mantiene muy viva por la alta participación de las niñas y niños carpeños que cada año en la víspera de la Inmaculada acuden hasta la iglesia parroquial a recoger las castañas. El reparto de la caridad era y sigue siendo muy común en las cofradías, y supone una manera de ayudar al más desfavorecido. Por norma general la caridad suele ser un panecillo, una torta, un trozo de pan con queso… Encontramos en Carpio esta tan peculiar consistente en castañas, algo que llama la atención, pues no es precisamente la comarca en la que se sitúa este pueblo territorio en el que predominen los castaños, más propios de lugares de sierra. Lo que nos da una idea de lo valiosa que era esta aportación en épocas pasadas por el hecho de ser un fruto que no se tenía al alcance de la mano ni del bolsillo a diario.

Cada 7 de diciembre por la tarde, las mujeres carpeñas acuden a la iglesia con cestos repletos de castañas que ofrecen a la Virgen -que se encuentra engalanada con flores en el altar mayor- y que posteriormente son bendecidas por el señor cura. Los más pequeños aguardan impacientes a las puertas del templo y preparados con sus bolsas o cestas para recogerlas. Las mujeres comienzan a arrojar las castañas en el interior de la iglesia, pero es en la calle donde el ritual adquiere todo su protagonismo. Los más pequeños y también los mayores se afanan en recoger las castañas que las portadoras de los cestos tiran al suelo. Una fiesta en la que los niños son protagonistas al igual que en la fiesta de “las castañas de San Dieguito” de Novés, pueblo situado en la misma comarca.


Una vez que los niños y niñas han recogido el preciado fruto, las mujeres se dispersan por las calles de El Carpio para repartir las castañas entre sus vecinos y familiares, y entre quienes se cruzan a su paso. Me contaban que también los vecinos y los propietarios de los comercios abren sus puertas para que les arrojen un puñado de castañas, manteniendo la creencia de que habiendo cumplido con este ritual, no les faltará el sustento en todo el año. Manda la tradición que por cada castaña que se consuma se debe rezar una Salve, práctica estrechamente relacionada con la fiesta litúrgica que se celebra: la Purísima Concepción.





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